Efusión pericárdica o derrame pericárdico

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María E. Ramos-Cortés, MD
Cardióloga
Práctica privada, Torre Médica Auxilio Mutuo
Vicepresidenta Entrante, Sociedad Puertorriqueña de Cardiología

Una efusión pericárdica ocurre por la acumulación excesiva de fluido en el espacio pericárdico. Este espacio contiene normalmente de 15 a 50 mililitros de fluido pericárdico, el que, a su vez, ayuda a promover la interacción entre las cámaras cardiacas y a que el corazón se mueva libremente, sin restricciones. Cuando el fluido pericárdico se acumula lentamente, el pericardio puede expandirse hasta acumular 2 litros de fluido. Sin embargo, en una situación aguda, una pequeña cantidad de volumen mayor a la usual puede aumentar la presión pericárdica resultando en síntomas clínicos o en una real emergencia médica.

Etiología

Las efusiones pericárdicas pueden ser el resultado de múltiples enfermedades que promueven o resulten en pericarditis o miocarditis. La reacción inflamatoria provoca la acumulación de fluido en el espacio pericárdico.

La causa más común de una efusión pericárdica por infección es la tuberculosis. La efusión pericárdica por tuberculosis puede ocurrir sin manifestaciones pulmonares. Las pericarditis y miocarditis virales que resultan en efusiones pericárdicas suelen ser causadas por el virus Coxsackie B. Las pericarditis bacterianas que resultan en efusiones pericárdicas están asociadas a endocarditis y abscesos que llevan a peligro de muerte. Las efusiones pericárdicas por hongos son raras.

Las efusiones iatrogénicas son comunes después de cirugías cardiacas y suelen requerir drenajes. Las efusiones pericárdicas causadas por radioterapia son menos comunes hoy en día por la reducción en dosis. Las efusiones pericárdicas durante procedimientos invasivos como las angioplastias o la implantación de marcapasos son emergencias serias.

Las reacciones autoinmunes que causan pericarditis pueden resultar en efusiones pericárdicas; así puede ocurrir, por ejemplo, en lupus, escleroderma, artritis reumatoide y otros desórdenes del tejido conectivo que afectan el sistema vascular. El síndrome de Dressler es una reacción autoinmune que ocurre luego de un infarto al miocardio y está asociada a la efusión pericárdica.

Las causas misceláneas de efusión pericárdica incluyen malignidades, siendo más común el cáncer del pulmón, el cáncer del seno y el linfoma Hodgkin. El hipotiroidismo y el síndrome urémico son causas metabólicas de efusiones pericárdicas. El aumento en la presión hidrostática en fallo cardiaco promueve la efusión pericárdica y también la disminución en la presión oncótica en fallo renal y en fallo hepático. También, algunos eventos hemorrágicos por trauma, ruptura o infarto pueden resultar en efusiones pericárdicas.

Síntomas y diagnóstico

Los síntomas de una efusión pericárdica están relacionados a la pericarditis y/o tamponada cardiaca.

Las efusiones pericárdicas son mejor diagnosticadas por ecocardiografía, ya que esta permite estimar el tamaño y la localización, y determina si hay compromiso hemodinámico causando tamponada cardiaca. El colapso del ventrículo derecho en diástole es indicativo de tamponada cardiaca.

En un electrocardiograma se pueden observar voltajes disminuidos y alternancia eléctrica.

En una radiografía de tórax en presencia de efusión pericárdica se observa un aumento marcado de la silueta cardiaca; el corazón tiene apariencia globular “water-bottle heart”.

En una tomografía de tórax se puede detectar una efusión pericárdica, pero no se puede estimar con exactitud su tamaño.

El fluido pericárdico no se clasifica como trasudado o exudado, sino más bien se describe por su apariencia (claro, turbio, sangriento); el fluido debe ser analizado microscópicamente para definir la citología y así detectar malignidad, contajes y cultivos.

Examen físico

Una efusión cardiaca puede causar la disminución de los sonidos cardiacos al punto de hacerlos inaudibles. Pueden estar presentes el frote pericárdico causado por pericarditis, el signo de Ewart con matidez a la percusión de la base pulmonar izquierda por compresión o atelectasia, y el signo de Auenbrugger, donde se observa protuberancia epigástrica que se extiende al área subxifoidea alertando sobre compromiso hemodinámico.

Los hallazgos físicos por tamponada cardiaca incluyen taquicardia sinusal, hipotensión, distención yugular durante inspiración (signo de Kussmaul) y pulso paradójico que refleja una disminución de la presión sistólica durante inspiración sobre 12 mmHg.

Tratamiento

La mayoría de las efusiones pericárdicas no requieren terapia. Sin embargo, si hay preocupación por el desarrollo de tamponada cardiaca, se debe realizar una pericardiocentesis percutánea. Esta se efectúa por vía subxifoidea usando una aguja guiada por ecocardiograma o fluoroscopia, lo que se hace con propósito terapéutico y diagnóstico. Para efusiones pericárdicas que acumulan gran cantidad de fluido, se prefiere realizar quirúrgicamente una ventana del pericardio.

Comentario

Una efusión o derrame en el pericardio es un problema que, por lo general, no requiere tratamiento, pero que en algunos casos puede tener un significado crítico. Por ello, requiere una evaluación especializada para poder tomar la mejor decisión terapéutica.

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