Temas de interés

Genio con mal genio

Me encontraba errabundo por un pulguero, en una ciudad de cuyo nombre no quiero acordarme (como el Quijote), cuando en una de las tienduchas observé cierto artefacto que me llamó la atención. Era una lámpara polvorienta y mohosa, arrumbada en una esquina, pero de exquisita elaboración. La cogí en mis manos y la froté para quitarle el polvo, cuando ¡voilà!, en medio de una nube se me apareció un genio de barba y turbante, parecido al de Aladino, pero feo como él solo, que me dijo con voz grave y (...)
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Siendo un triunfador destinado a ganar

Cada uno da forma a su vida y a su futuro según la manera como vive. Las palabras que uno pronuncia, los pensamientos que uno genera, los alimentos que uno come y las acciones que cada uno emprende definen nuestro destino, dan forma a lo que cada uno es y en lo que se convertirá. Quienes triunfan están enamorados de su visión, de sus metas, de sus sueños y de su propósito. Ellos tienen grabados los sueños en el corazón, los hacen realidad en su interior y están decididos a pagar el precio del (...)
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La tecnología en la implementación operativa en los hospitales

Una vez finalizado el diseño y la construcción de un hospital, empieza la etapa de mantenimiento de operaciones y administración de instalaciones. En un hospital es indispensable tener un buen sistema de procesos y que estos estén bien definidos para que todo funcione como un baile bien orquestado. Hoy en día hay herramientas tecnológicas que ayudan a coreografiar los equipos para que las instalaciones y los activos funciones de manera óptima, y así asegurar el objetivo de estas instituciones, que (...)
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En tierra de ciegos…

La literatura, como el amor, nació ciega. Homero, el aeda por excelencia y padre de la poesía épica era, según cuenta la tradición, ciego de nacimiento. Tiresias, el adivino, que aparece como personaje en La Odisea, también lo era, pero no de nacimiento sino castigado por la diosa Atenea por haberla visto desnuda durante su baño. Edipo y Demócrito se arrancaron los ojos. El primero lo hizo con la hebilla del cinturón de Yocasta para purgar sus pecados y, el segundo, con sus propias manos para que la (...)
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