Léxico Médico

Síndrome de la clase turista:

Trombosis del viajero

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Félix J. Fojo, MD
felixfojo@gmail.com ffojo@homeorthopedics.com

En 1954, en el número 9 de New England Journal of Medicine, el Dr. J. Homans publicó el estudio de 5 pacientes que sufrieron trombosis venosa profunda de los miembros inferiores y tromboembolismo pulmonar subsiguiente después de largos viajes aéreos internacionales. Pasarían 23 años hasta que en 1977 Symington y Stack publicaran 8 nuevos casos de embolismos pulmonares ocurridos bajo las mismas condiciones, pero dejando claro que todos los pacientes habían viajado en clase económica.

Ese último detalle (clase económica) es el que lleva a que la relación entre un viaje de más de 6 horas en avión y la aparición del fenómeno trombótico sea conocido desde entonces como “síndrome de la clase turista”, aunque varios autores advirtieron que era más correcto desde el punto de vista médico denominarle “trombosis del viajero”. Pero quizás el hecho de dejar de lado en estos estudios otros medios de transporte (trenes, ómnibus) y la publicación en 1999 de la investigación epidemiológica de Clerel y Caillard realizada con una gran cohorte de pasajeros que viajaron a y desde el aeropuerto de París, en el que se encontró una prevalencia de enfermedad tromboembólica aguda en 0,5 casos por cada millón (un caso en 2 millones) de viajeros, hizo que se desatara una gran discusión científica alrededor de la existencia real de este nuevo síndrome. De entonces hasta hoy hay una bibliografía de más de 100 artículos internacionales que discuten el síndrome, aceptado por algunos y negado por otros.

De cualquier forma, toda persona con algún factor de riesgo de trombosis venosa y tromboembolismo pulmonar debe ser alertada por su médico de la posibilidad de un mayor riesgo al viajar en cualquier medio de trasporte que la obligue a permanecer sentada en la misma posición durante largas horas. Medidas mecánicas (movimientos frecuentes, evitar ropa ajustada, hidratarse adecuadamente, medias elásticas) o medidas farmacológicas (heparina de bajo peso molecular, antiinflamatorios) pueden ser consideradas por el médico.