TORRE DE MARFIL

June Almeida, la primera persona que vio un coronavirus

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Félix Fojo, MD
Ex Profesor de la Cátedra de Cirugía
de la Universidad de La Habana
ffojo@homeorthopedics.com
felixfojo@gmail.com

La primera mención escrita de los entes infecciosos que algún tiempo después serían conocidos como coronavirus –una nueva familia viral denominada entonces agente B814– fue publicada por los doctores D.A. Tyrrell y M.I. Bynoe, del grupo de estudio británico sobre la etiología del catarro común en el número 1 del British Medical Journal (BMJ) de 1965. Pero lo cierto es que hasta dos años y medio después no se pudo contar con una imagen fotográfica de calidad del agente que acababa de demostrarse como productor de una condición respiratoria relativamente benigna y no estacional en los infantes ingleses.

De 2020 en adelante, casi todos nos hemos saturado con la imagen fotográfica de un globo rodeado por un halo cargado de espículas del coronavirus, pero no fue hasta 1967 cuando los científicos la pudieron ver con detalles en una publicación en el Journal of General Virology, firmada por la investigadora J.D. Almeida y el profesor Tyrrell. Una imagen microfotográfica perfectamente definida que se logró gracias a la habilidad técnica y la inteligencia creativa de una simple ayudante del laboratorio de microscopía electrónica del St. Thomas Hospital de Londres, llamada June Dalziel Almeida, nacida Hart, en la ciudad de Glasgow, Escocia, en 1930.

June Almeida –el apellido Almeida viene por un matrimonio de juventud con un artista gráfico venezolano de ese nombre asentado luego, junto a ella, y por un tiempo, en Canadá– tuvo que abandonar los estudios secundarios a los 16 años por carecer de los recursos económicos necesarios. June, necesitada de dinero y, amante de las ciencias médicas, se las ingenió para agenciarse un empleo de técnica de histopatología en la Glasgow Royal Infirmary. Y fue allí, en esa institución con tanta historia, donde descubrió las dos grandes pasiones científicas que la acompañarían el resto de su vida: la microscopía electrónica y el estudio de la virología.

En la década de 1960, poder microfotografiar bien un virus cualquiera era una tarea que requería técnicas de laboratorio complejas y una paciencia extraordinaria. Las dificultades provenían de los múltiples detritus celulares que se interponían en el campo de visión entre un virus y otro. Trabajando como asistente de microscopía electrónica en el Ontario Cancer Institute, en Toronto, a June Almeida se le ocurrió emplear anticuerpos, animales y humanos, para aglutinar los virus que podían encontrarse en una muestra y entonces hacerlos resaltar con ácido fosfotúngstico, un tinte que se empleaba para colorear ciertos cultivos de tejidos de mamíferos. Esta práctica no solo demostró ser eficaz, sino que acortó el tiempo necesario para fotografiar un virus de semanas a unas pocas horas. Con esta técnica, June Almeida pudo fotografiar, por primera vez en la historia, el virus de la rubéola. Enterado de esto, el profesor Tyrrell le solicita en 1964, al Dr. Waterson, jefe de June Almeida en Toronto, que le permita viajar a Londres a fotografiar el nuevo virus que había encontrado en las muestras orofaríngeas de niños portadores de resfriado común.

En tres años la colaboración entre el equipo médico del profesor Tyrrell y June Almeida logró, en sucesión, el reconocimiento y la descripción de una nueva familia viral, las claras imágenes fotográficas de estos agentes infectantes y propio nombre de la nueva familia etiopatológica: coronavirus. Este apelativo fue escogido por Tyrrell partiendo de la descripción que June hizo de la primera imagen viral que obtuvo y observó en su microscopio electrónico: “Veo al virus rodeado por un halo, como si fuera una corona solar”.

Pocos años después June Almeida terminó su carrera de Bióloga y su doctorado, fotografió y describió por primera vez el virus de hepatitis B, tuvo mucho que con la identificación estructural del virus VIH-SIDA y escribió para la OMS (1979) el libro Manual de diagnóstico rápido de virus en el laboratorio. Murió en su tierra, Escocia, de un infarto del miocardio en 2007.

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