Historia

Thomas Sydenham

(1624-1689): El “Hipócrates inglés”

En el siglo XVII destaca en Inglaterra la actividad de Thomas Sydenham, un médico que puso énfasis en el diagnóstico clínico, en el estrecho contacto con el paciente y en la utilización, para ello, de todos los sentidos. Dejó a sus seguidores un legado de apertura en el pensamiento y se le considera “el Hipócrates inglés” y el iniciador de la medicina clínica y epidemiológica.

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Especial para Galenus
Marco Villanueva-Meyer, MD

Datos biográficos

Thomas Sydenham nació en 1624 en Dorset, Inglaterra, en el seno de una acomodada familia puritana. Inició en Oxford sus estudios de medicina, los que pronto se vieron afectados por la guerra civil inglesa. Él participó desde joven en esta guerra en el lado parlamentario, junto con sus hermanos mayores, llegando a ser capitán del ejército de Cromwell.

En 1648 recibió el grado de bachiller en Medicina, pero al estallar de nuevo la guerra, se reincorporó al ejército. Cuando culminó la guerra, él reconsideró la carrera de Medicina, pero sintió que sus conocimientos eran limitados y deficientes, por lo que viajó a Mont-pellier a completar su formación.

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Regresó a Londres cuando tenía 37 años para dedicarse de lleno a la Medicina y a los pacientes, y obtuvo la licencia para el ejercicio de Medicina del Royal College of Physicians. Pero, por haberse enfrentado al rey y por sus ideas políticas tuvo dificultad en ser incorporado como fellow del Royal College of Physicians, lo que recién ocurrió dos años antes de su muerte en que también recibió el grado de doctor en Medicina de la Universidad de Cambridge.

Se casó en 1655 y tuvo tres hijos. Falleció en 1689 a los 75 años, en Londres.

Su actuar como médico

Sydenham se dedicó por entero a los enfermos y su trabajo se caracterizó por buscar siempre el contacto con el paciente, concentrándose más en el estudio de los síntomas que en las teorías médicas.

Su interés principal se basó en definir qué eran las enfermedades y, para ello, consideró necesaria la observación clínica en el curso natural de la enfermedad. Así, buscó definir qué síntomas eran propios de cada enfermedad y cuáles se podían atribuir a peculiaridades de cada enfermo como por ejemplo, la edad, el estado general o el tratamiento recibido. Para esto había que ser muy observador y muy buen clínico. Sydenham trataba de apartarse de las hipótesis y teorías especulativas de su tiempo, lo que benefició su obra pero generó burlas de los más conservadores.

Su crítica a lo clásico

Sydenham no estaba de acuerdo con la medicina que le tocó estudiar, en la que había muchas cosas que no eran concretas ni evidentes y que se apartaban de la experiencia clínica. Por eso, desarrolló el concepto de distintas enfermedades, en contraposición al concepto de la enfermedad por desbalance humoral.

Postuló el regreso al hipocratismo y al contacto con la realidad del enfermo empleando todos los sentidos. Sobre esto hay una anécdota, cuando un estudiante le pide consejo sobre qué libro leer. “Lea El Quijote”, fue su respuesta, denotando por un lado su rechazo a la literatura médica existente y, por otro, su reconocimiento a la vida y los valores.

Su obra escrita

Volcó toda su experiencia clínica en su libro Observationes medicae, publicado en 1676. En la introducción presentó un programa para desarrollar una nueva patología que debía ser muy gráfica y natural y basada en la descripción de todas las enfermedades. Esta obra, que no era muy sistemática, fue un texto estándar y clásico por más de dos siglos.

Sydenham padecía de gota, lo que probablemente ayudó a su excelente descripción del cuadro clínico de esta dolencia. También describió diversas enfermedades epidémicas, como la viruela, la disentería, el sarampión, la escarlatina, la sífilis y la corea menor, que también lleva su nombre.

Terapéutica

Prefirió el uso de las plantas sobre los minerales. Su “botiquín” era muy sencillo: hierro para la anemia y quina para el paludismo, la fiebre y dolores; antimonio, mercurio y jalapa como evacuantes; opio en forma de láudano y otros sedantes y narcóticos.

  • Láudano de Sydenham: preparación con derivados opiáceos. Es famosa su frase: “De los remedios que ha dado Dios al Hombre para aliviar su sufrimiento, ninguno es tan universal y eficaz como el opio”.
  • Tos de Sydenham: espasmo histérico de los músculos respiratorios.
  • Corea de Sydenham: enfermedad neurológica que suele darse en niños con antecedentes reumáticos o cardiacos. Se caracteriza por movimientos involuntarios, desordenados, generalizados, puede originar trastornos psíquicos transitorios como inquietud o inestabilidad emocional. Tiene buen pronóstico y suele curarse rápido.

Algunos epónimos relacionados a Sydenham

Sydenham fue un precursor en el empleo cuidadoso de la “corteza peruana” que provenía del árbol de la quina, que había sido llevada por los españoles a Europa para tratar la malaria. Describió su empleo como uno de los primeros tratamientos específicos para una enfermedad en particular.

Repercusión social y legado

Sydenham tenía una personalidad modesta, noble y sincera. Tuvo muchos conocidos, amigos y seguidores. Entre ellos, destacan Robert Boyle, el gran precursor de la química moderna y John Locke, filósofo, médico, libre pensador e iniciador de lo que sería la Ilustración.

Boyle le había recomendado a Sydenham el estudio clínico de las epidemias de Londres, lo que dio como fruto un libro publicado en 1666 con el título de Methodus curandis febres.

Por otro lado, John Locke, lo acompañaba todos los días en su visita médica, impresionado por su excelente práctica. Juntos hicieron investigaciones basadas en la observación y no en la especulación.

La fama de Sydenham se afianzó en toda Europa tras su muerte, en gran parte gracias al holandés Hermann Boerhaave, quien asoció el programa de Sydenham a la enseñanza junto a la cama del paciente.

Opinión

En Sydenham encontramos al hombre que abraza varias causas con interés y pasión, al guerrero leal a sus convicciones y al médico de vocación. Su bondad, talento y ansia por un conocimiento basado en evidencias generan la admiración y respeto de las mentes más brillantes de su época, de sus amigos y de sus pacientes y, también, la envidia de algunos. Sembró en sus seguidores una nueva visión de la Medicina. Su obra sirvió de base a muchas generaciones y su legado, de apertura al conocimiento y a lo evidente, es invalorable.

Podemos considerar que el desarrollo de la Medicina Interna como una especialidad científica, así como el concepto moderno de la enfermedad, se inician con Thomas Sydenham.

Bibliografía

  1. Albarracín Teulón, A. (1973), Sydenham, En: Historia Universal de la Medicina, 7 vols., Barcelona, Salvat, vol. 4, pp. 297-307.
  2. Laín Entralgo, P. (1963), Historia de la medicina moderna y contemporánea, Barcelona, Editorial Científico-médica.
  3. López Piñero, J.M. (2000), Breve Historia de la Medicina, Madrid, Alianza.
  4. José L. Fresquet. Instituto de Historia de la Ciencia y Documentación (Universidad de Valencia-CSIC). Julio, 2000.
  5. Payne, Joseph Frank, Dictionary of National Biography, Volume 55 Sydenham, Thomas, p. 246-247.