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Tenemos dos opciones...

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Dr. J.R. Román
jrromanmotivando@gmail.com

En la vida tenemos dos opciones: la primera es asumir nuestra responsabilidad con el futuro y la segunda es esperar que otros definan nuestro futuro. ¡Cada uno decide!

Quienes tienen éxito tienen un propósito definido, saben la razón de su trabajo, de su familia, de su vida y para qué se levantan cada día. El propósito lleva a definir la visión, como una imagen clara de lo que se quiere alcanzar. La visión se nutre de valores que se convierten en la energía para continuar frente a las adversidades. Los valores forman el carácter para que los pensamientos y sentimientos estén en armonía con las palabras, para que el comportamiento y los movimientos estén en armonía con la visión. Esto da templanza ante los retos no planificados que surgen y que pueden sabotear nuestra confianza. La confianza es tener fe, creer que se puede llegar y saber que cuando todo se pone oscuro y estamos sin fuerza, nuestra convicción nos hace seguir hasta la meta.

Hoy vemos mucha gente sin fuerza y sin confianza, que no sabe que deprimirse requiere el mismo esfuerzo que sentir felicidad. La persona deprimida enfoca su energía mental de una manera que crea más depresión. Se hace preguntas que lo sabotean, se visualiza de una manera y así asume su postura corporal; suele tener los hombros caídos, la mirada hacia el piso, el hablar débil y triste, tiene una dieta incorrecta y pasa horas y días encerrado dentro de sí, pensando en los problemas que tiene y enfocando su potencial en las dificultades. Esto requiere un gran esfuerzo, y la calidad de la comunicación de la persona deprimida consigo mismo es muy pobre.

Esto se puede cambiar a felicidad en pocos segundos al transformar la visión de nosotros mismos y aprendiendo a comunicarnos con nosotros mismos y hacernos preguntas como: ¿qué me hace feliz hoy?, ¿qué cosas grandes he logrado en mi vida?, ¿de qué o de quién me siento orgulloso?, ¿en quién me quisiera convertir?, ¿quiénes enriquecen mi vida? Al contestar estas preguntas instruimos a nuestro sistema nervioso a enfocarse en cosas que lo fortalecen, que enriquecen, que trasmiten energía y que permiten cambiar la visión de la vida. Debemos revisar el tono de voz, la respiración, el movimiento del cuerpo y movernos con la energía que requiere el éxito.

Para crear estados emocionales no se requiere ser “inteligente” ni tener estudios avanzados; se trata de algo parecido al trabajo del director de una película que para producir estados emocionales en el público manipula y controla los efectos de lo que oímos y vemos para impactarnos emocionalmente. Si busca asustarnos aumenta el volumen de la música o varía los efectos del sonido, cambia la iluminación y, en segundos, crea estados emocionales variados que pueden ir de la felicidad, la paz y la alegría al miedo, a la tensión y a la inseguridad. Se puede hacer lo mismo con la mente, añadiéndoles fuerza a los pensamientos que enriquecen la vida y privando de luz y sonido a los mensajes negativos que nos quitan fuerzas, que nos roban los sueños y la energía.

Hay estados emocionales que nos dan fuerzas, como la confianza, el amor, la seguridad interna, la alegría o la fe. Estos producen una fuerza inagotable y mejoran nuestra calidad de vida. Hay otros estados emocionales que nos paralizan y hacen sentir sin fuerzas, como la confusión, la depresión, el miedo, la angustia, la tristeza y la frustración. Los estados emocionales pueden producir cambios profundos en nuestra vida. Al aprender a cambiar el estado emocional podemos mejorar sabiendo que se pueden crear estados estimulantes que nos ayuden a triunfar. Si los estados emocionales negativos son más fuertes, uno estará destinado a la frustración. Debemos redescubrir nuestros momentos felices, nuestras grandes victorias, los momentos que han marcado nuestra vida y nos han llevado a ser lo que somos hoy.

Por eso, tenemos dos opciones: o asumimos responsabilidad de nuestro futuro o esperamos que otros lo hagan.