Léxico Médico

Síndrome de fatiga crónica:

Una breve historia

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Félix J. Fojo, MD
Ex Profesor de la Cátedra de Cirugía de la Universidad de La Habana ffojo@homeorthopedics.com felixfojo@gmail.com

Padecer de una enfermedad real, debilitante y crónica, que carezca de elementos diagnósticos y no tenga tratamiento eficaz, puede convertirse en un sufrimiento indescriptible, máxime si por ello se le tilda de simulador, embaucador o irresponsable. Ese es el caso de la encefalomielitis miálgica, encefalopatía miálgica o síndrome de fatiga crónica.

Hasta 1750, no había reportes relacionados con este síndrome, salvo la melancolía o el “embrujamiento”. En esa época, se describen casos de mujeres con febrículas prolongadas y sin asociación con tuberculosis. En 1871, surgen tres descripciones relacionadas; en 1880, el neurólogo George Beard describe la neurastenia y, en 1895, Sir William Osler señala la disociación entre síntomas y signos.

En 1934, se reporta en Los Ángeles una “epidemia” de pacientes con mialgias, astenia y cefaleas intensas que responden mal al tratamiento. Luego de una cuarentena, se les da de alta. Algo semejante se presenta luego en Islandia, Japón y Londres.

Desde 1950, se atribuyeron distintas etiologías a este cuadro: brucelosis, crisis de hipoglicemia, infección por el virus de Epstein-Barr o retrovirus MLV, “alergia” sistémica, sensitización a tóxicos, candidiasis, intoxicación por mercurio, por empastes dentales, por azúcares simples o por aspartamo, sistema inmunológico débil, y una variante de enfermedad del colágeno. También: inflamación sistémica inespecífica, depresión endógena, trastornos endocrinos, leucemia murina xenotrópica, encefalitis por radiación de teléfonos celulares o equipos de comunicación y otras muchas posibles causas, siempre relacionadas con un nuevo hallazgo infeccioso, una observación parcial o una moda diagnóstica, pero sin pruebas científicas sólidas que aclaren de una vez el problema.