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Salvador Dalí (1904-1989): Entrevista a un Genio surrealista

Deambulando un día por las sinuosas callejuelas del arte, me topé de frente con Dalí (esas cosas suceden a veces cuando se da rienda suelta a la imaginación), y sin pensarlo dos veces le pregunté:
-¿Es usted Salvador Dalí, Marqués de Dalí de Púbol? Me observó con ojos de alucinado y me respondió con una pregunta retórica y voz engolada, masticando cada sílaba:
-¡Cómo! ¿Acaso duda de estar ante el máximo expo-nente del surrealismo? Mi rostro es ¡in-con-fun-di-ble!
-Lo sé; -le dije-. Sólo quería entablar conversación con usted y hacerle unas cuantas preguntas acerca de su original biografía.
-Pues comience, que no tengo todo el día, pero rehúso contestar cualquier pregunta relacionada con mi sexualidad.

Del Rincón: Sé que nació en Figueres, España, el once de mayo de 1904. ¿Tuvo usted hermanos?
Dalí: Sí, un hermano que se llamaba Salvador y que murió siendo niño. Mi padre tuvo la genial idea, cuando nací, de ponerme ese mismo nombre, y esto me causo una crisis de personalidad, pues por mucho tiempo mis padres me hicieron creer que era la reencarnación de mi hermano. También tuve una hermana menor, Ana María, quien protagonizó muchas de mis obras tempranas.

Del Rincón: ¿Me podría hablar de sus padres?
Dalí: Mi padre era un ser autoritario, al contrario de mi madre, a quien adoraba y que me consentía. Ella falleció en 1921 de un cáncer de mama, cuando yo contaba 16 años de edad. Fue el golpe más duro de mi vida. Poco más tarde, mi padre se casó con mi tía, la hermana de mi madre, pero no me importó, pues yo también la quería mucho.

Del Rincón: ¿Me podría contar algo relevante de su estadía en la Residencia de Estudiantes de Madrid?
Dalí: Me alojé allí para preparar mi ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Lo logré, pero fui expulsado más tarde, por decir la verdad: que no había nadie con capacidad de examinarme. Lo cierto es que me dio lo mismo, pero a mi padre no. Nunca comulgó con mis ideas, “degeneradas”, según él. Allí pude conocer a las principales figuras del arte español de la época, la Generación del 27, entre ellos Federico García Lorca y Luis Buñuel. Con este último hice una película de vanguardia, El perro andaluz, y la idea de cortar un ojo con una cuchilla de afeitar fue totalmente mía. Conseguí impactar al público.

Del Rincón: ¿Qué artistas influenciaron su obra?
Dalí: Rafael, Zurbarán, Vermeer y, principalmente, Velázquez.

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Dalí Atomicus
(Foto: Halsman Philippe, 1948)

Del Rincón: En 1929 conoció a Gala, quien sería su esposa. Usted sabía que era una mujer casada, once años mayor que usted. ¿Qué sucedió?
Dalí: Elena Dimitrievna, “Gala”, era una inmigrante rusa en Francia, un espíritu libre, como yo. Nuestra atracción resultó explosiva, imparable; estábamos hechos el uno para el otro y nunca más nos separamos. Mi padre nunca aceptó esta relación.

Del Rincón: Ese mismo año se unió usted al grupo surrealista en el barrio parisino de Montparnasse ¿Qué me puede decir de este periodo?
Dalí: Mi obra onírica, automatismo psíquico puro, fue creada según los postulados vanguardistas del surrealismo, en el que influyó tremendamente. Fui además creador del método paranoico-crítico, que dio tanto que hablar en esa época. Bretón, Magritte, Miró, Ernst, Eluard, Arp, Delvaux, Man Ray y otros varios cofrades compartimos ideas y momentos maravillosos. Al final me expulsaron del grupo; me tacharon de narcisista y megalómano, lo cual tal vez sea cierto, pero lo indudable es que… ¡yo soy el surrealismo!

Del Rincón: En Estados Unidos usted causó furor, aunque en una ocasión, debido a una rabieta, rompió un escaparate de unos grandes almacenes de Nueva York con una bañera. ¿Me puede hablar sobre esto?
Dalí: Por supuesto. Para los almacenes Bonwit-Tellerle, de la Quinta Avenida de Nueva York, ideé un concepto que no se siguió al pie de la letra, pues le hicieron modificaciones sin mi permiso. Eso me enfureció y acabé lanzando la bañera contra el escaparate. Me detuvieron, pero resulté absuelto, pues el juez entendió que estaba defendiendo mi obra, y mi derecho de autor.

Del Rincón: ¿Qué significó Freud para usted?
Dalí: Fue el faro de mi arte, y gracias a su psicoanálisis descubrí el pansexualismo. Quise plasmar la libido en imágenes, de acuerdo al pensamiento de Freud, a través de símbolos como relojes blandos, elefantes, hormigas, el rinoceronte y el huevo. Creo haber marcado la cultura de mi tiempo con el erotismo, eje en torno al cual giró toda mi obra, aunque más tarde me fascinó la física nuclear y la matemática. Esto se ve claramente en la obra Leda atómica, donde nada toca nada. Allí apliqué la divina proporción, como hacían los antiguos.

Del Rincón: ¿Otros artistas le acusaron de vampirismo por apropiarse de sus ideas?
Dalí: Alguna vez tomé prestadas algunas, pero decía André Malraux: “Un artista nace de otro artista”. Produje alrededor de 1.500 pinturas, esculturas, litografías, libros e infinidad de dibujos, colaboré en películas e inclusive incursioné en la holografía. Realicé tanta obra que perdí la cuenta. Creo que esto me exonera totalmente.

Del Rincón: ¿Cuál considera ser su ópera magna?
Dalí: Siento predilección por varias: El Cristo de San Juan de la Cruz, Leda Atómica, El Sacramento de la Última Cena y El Descubrimiento de América por Colón. Tuve un período de religiosidad importante, tal vez debido al apego visceral y atávico de nuestra cultura, pero esta fase fue la que más disfruté.

Del Rincón: ¿Nos puede hablar de los últimos momentos de su vida?
Dalí: Fallecí, dicen, el 23 de enero de 1989 oyendo mi música favorita, Tristán e Isolda de Wagner, aunque yo sigo vivo a través de mi ingente obra. Y ahora me debo ir, pero antes de marcharme le repetiré algo que ya dije en el pasado: “Cada mañana, al levantarme, experimento un supremo placer, ser Salvador Dalí”.