Suplemento Especial Salud Mental

Relación entre salud mental, trastornos psiquiátricos y adicción

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Erick F. Santos Hernández, MD, MPH
Psiquiatra

Definiciones de salud mental

La Organización Mundial de la Salud define “salud mental” no solo como la ausencia de trastornos psiquiátricos, sino como el estado de bienestar donde la persona ve realizadas sus habilidades, puede tolerar adecuadamente los estreses propios de la vida, es productiva y contribuye a la vida comunitaria. Una persona que no se siente realizada vocacionalmente, sin deseos de contribuir a una mejor convivencia comunitaria, con estado de ánimo alterado o inestable, con enfermedad mental o adicciones, no cuenta con una buena salud mental. La definición de salud mental del Instituto de Salud Mental de los Estados Unidos añade que “implica un funcionamiento intelectual adecuado y estable, capacidad de adaptación a los cambios y una relación consistente y satisfactoria con los demás y su medio ambiente, conservando las capacidades de aprendizaje, manejo del lenguaje y memoria”.

Grupos en mayor riesgo

Así, tampoco poseen una buena salud mental:

  • Un creciente grupo de ancianos con severo déficit intelectual y pérdida de memoria (demencias); ni
  • Personas con pobres relaciones familiares y sociales (antisociales, con trastornos de conducta, de personalidad, con adicciones a sustancias y al juego, y otros trastornos mentales). En esta población se ha encontrado una extensa comorbilidad psiquiátrica, en especial en los adictos. Debemos enfrentar estas disfunciones mentales racionalmente.

Recomendaciones de los CDC

Los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC) recomiendan intervenciones múltiples en cuatro áreas claves:

  1. Establecer un programa sólido de epidemiología y vigilancia de todas las condiciones, en particular de trastornos mentales y de conducta como las adicciones, el abuso de menores y ancianos, la violencia doméstica y la conducta antisocial. Esto permitiría conocer nuestra situación con más certeza y desarrollar prioridades para hacer mejor uso de nuestros recursos económicos y humanos.
  1. Promover mejores ambientes comunitarios en los trabajos y en las familias, programas municipales de apoyo a las familias en riesgo de alcoholismo y adicciones, de problemas severos de salud física y mental y de violencia doméstica; leyes que aumenten los precios del alcohol y el tabaco, y que limiten los anuncios de estos productos en los medios; diseño de edificios y calles seguras para los ciudadanos; que los maestros inculquen una sana convivencia y conducta a sus estudiantes, y la espiritualidad y fraternidad entre ellos. Las iniciativas que promueven mejores relaciones y que combaten la violencia y la corrupción deben ser bienvenidas para mejorar la salud mental y hacer mejor uso de nuestros recursos.
  1. Mejorar las prestaciones de salud mental basadas en evidencia científica y que las brinden personas preparadas y especializadas, que favorezcan el trabajo interdisciplinario cuando se requieran tratamiento y rehabilitación. Que los resultados sean evaluados por lo menos cada 6 meses por personas debidamente cualificadas y se favorezca la contratación de los servicios más efectivos y eficientes.
  1. Promover alianzas entre los prestadores de servicios de salud mental con otras organizaciones promotoras de salud, como la Asociación Americana Contra el Cáncer y su programa de apoyo de cesación de fumar, los colegios profesionales, los hospitales generales y psiquiátricos, los boy scouts, las universidades, las escuelas de Medicina, las alcaldías, los tribunales, la Legislatura, ASSMCA, el Departamento de Familia, Recreación y Deportes, la policía de la Guardia Nacional, las emisoras de radio y televisión, las agencias federales, los sindicatos obreros y las escuelas privadas.

Es necesario que trabajemos ardua y generosamente para que nuestra población goce de una mejor salud mental.