Suplemento de Psiquiatria

Para comprender el pensamiento paranoide en la esquizofrenia

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Michel Woodbury Fariña, MD
Especialista en Psiquiatria
Profesor Asociado Departamento de Psiquiatría RCM-UPR
michel.woodbury@upr.edu

La paranoia y los “dos cerebros”

El pensamiento paranoide es un síntoma que se puede dar en distintos problemas mentales, como en la esquizofrenia. Lo podemos comprender mejor con el concepto de los “dos cerebros”, con los que podemos hacer frente a las tensiones: la corteza prefrontal o el cerebro civilizado, más pensante, y el sistema límbico o del tallo cerebral, también conocido como el cerebro primitivo, más emocional e impulsivo.

Cuando hay paz y tranquilidad, el cerebro civilizado tiene el control: modula e inhibe a la amígdala, que controla al cerebro primitivo. En una situación de peligro, es más bien la amígdala la que controla la reacción de luchahuida. De esa manera, aumenta la ansiedad para hacer frente a la amenaza. Esta respuesta está hecha para activarse cuando sentimos que la vida está en peligro.

Si la corteza prefrontal está intacta, las emociones de temor se interpretan como una amenaza cotidiana, por ejemplo, al pensar que podemos perder nuestro empleo si llegamos tarde una vez. En el caso del cerebro esquizofrénico, los sentimientos de la ansiedad de amenaza se toman literalmente, y se puede sentir que hay peligro de ser asesinados. Esto ocurre si hay una psicosis, que hace que las leyes usuales de tiempo, lugar y persona y las leyes newtonianas, como la gravedad, no estén en su lugar y pueda ocurrir cualquier cosa, como en los sueños.

Los estresores. La desconfianza

En psicosis, los estresores simples pueden fácilmente ser malinterpretados como si la vida estuviera en peligro. Esto provoca un colapso en la confianza. Así, la amígdala se activa no solo en situaciones mortales, sino también cuando hay un cambio en las rutinas o en la relación con un ser querido. De esa manera, poner a los esquizofrénicos a hacer una tarea diferente o al separarlo de los seres queridos puede precipitar la misma intensidad de ansiedad que una situación realmente peligrosa. Con estos miedos a los cambios en la rutina y la sensibilidad ante la cercanía de los seres queridos, la confianza no se desarrolla y esto lleva a la paranoia. La paranoia es un concepto difícil de describir a quien nunca la ha sentido. Básicamente se debe a la falta de confianza y al temor de que las personas o eventos estén vinculados a hacerles daño. La forma extrema es el delirio, que es una creencia fija e irreal. Así, los esquizofrénicos paranoicos delirantes tienen, sin fundamento, sospechas fantasiosas. Además, no se les puede convencer de que no hay fuerzas ajenas que buscan hacerles daño. Creen con frecuencia que la gente está hablando de ellos y, en casos extremos, sienten que las autoridades (o el Diablo) los siguen.

Conflictos en la evolución infantil

Según Melanie Klein, una psicoanalista teórica, estos sentimientos son parte de etapas evolutivas naturales de la mente primitiva en los tres primeros años de vida y forman la base del comportamiento posterior. Afirma que nacemos expresando sentimientos positivos y negativos, que reflejan momentos de comodidad e incomodidad. El niño puede tener sentimientos positivos como felicidad, satisfacción y, finalmente, amor. Negativos son el hambre, la somnolencia y, finalmente, la ira y el odio. En los primeros meses hay una mezcla de odio y amor y, como el niño no es capaz de ver que estos dos sentimientos son distintos y no duraderos, la ira le abruma. A esta etapa la llama la posición esquizoide.

Al año de edad aún no puede integrarlos y sentir amor y odio al mismo tiempo y hacia la misma persona; así resulta que u odia o ama. Amor es cuando el niño está con un ser querido, odio cuando la persona amada se ha ido. Si los sentimientos son intensos y el niño percibe que la persona amada lo abandona, se provoca la ira. El niño pierde confianza en los seres queridos por el miedo al abandono. Esta desconfianza es la base de esta etapa, la posición paranoide.

Si el niño integra ambos sentimientos hacia la misma persona, se crea un dilema porque los sentimientos negativos de odio son tan fuertes que superan a los sentimientos de amor, que son frágiles. Esto causa tristeza o depresión, pues cree que el amor pierde ante el odio y que existe peligro de perder al objeto de amor. Esto se denomina la posición depresiva.

El cerebro civilizado ayuda a dominar con éxito esta etapa, usualmente a los tres años, alcanzando en esto la madurez. Pasa a la etapa de constancia del objeto y entiende que hay suficiente amor para soportar el odio. El esquizofrénico paranoico está a merced de su mente primitiva y atascado en la posición paranoide. Percibe muchas cosas como “bueno y malo”, “blanco y negro”, formando “desdoblamientos”. Incluso, prueba a los considerados buenos para ver si son verdaderamente buenos, a veces mostrando su lado oscuro para ver si consigue el rechazo. Así, las relaciones son muy difíciles. Como las creencias básicas de desconfianza se basan en distorsiones, no son fácilmente abandonadas.

Terapia

Medicamentos como los antipsicóticos atípicos son el pilar en el control de la psicosis, bajando el temor para que se entienda que no hay tantas amenazas en el mundo. Hay mejoría a medida que disminuye la ansiedad. Luego, los “desdoblamientos” se manejan con psicoterapia, ya que la mente civilizada ya está capacitada para entender estos conflictos. Si son tratados correctamente, estos pacientes progresan y salen de la posición paranoide e inclusive pueden deprimirse. Esta depresión no es mayor, y no se trata con antidepresivos sino con psicoterapia para ayudar a resolver el conflicto de amar y odiar a la misma persona. La estabilidad aparece después de que los esquizofrénicos paranoides ya no temen su enojo. Esto no significa que se puedan curar, pero cuando llegan a este nivel estarán mucho más cómodos con los cambios en las rutinas y con sus relaciones.

Resumiendo

En resumen, los esquizofrénicos paranoides pueden sufrir una reacción de lucha-huida fácilmente. Así, con frecuencia piensan que van a ser asesinados. El tratamiento es difícil y requiere antipsicóticos. Una vez estabilizados y medicados se puede aprovechar su “mente civilizada” y hacer psicoterapia, con énfasis en curar las divisiones o “desdoblamientos” para poder desafiar las distorsiones de ese pensamiento drástico paranoide y llegar a la etapa de constancia de objeto.