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Obesidad y enfermedades cardiovasculares

La obesidad es un factor importante en el desarrollo y curso de las enfermedades cardiovasculares, y afecta la función social, física y la calidad de vida de las personas que la padecen. La importancia de desarrollar intervenciones efectivas para reducir la obesidad y los riesgos de salud que ésta conlleva ha ido en aumento en las últimas décadas debido a que la cantidad de adultos y niños con esta condición ha alcanzado niveles epidémicos.

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Norma Devarie Díaz, MD
Especialista en cardiología, invasiva y no invasiva.
Presidenta del Capítulo de Cardiología del Colegio de Médicos y Cirujanos de PR
Past Presidenta de la Asociación de Cardiólogas de Puerto Rico y de la Facultad del Centro Cardiovascular
nadd320@hotmail.com

Estadísticas

Según la información del “US National Health and Nutrition Examination Survey” (NHANES) del 2003-04 aproximadamente 66 millones de estadounidenses adultos (30 millones de hombres y 36 millones de mujeres) son obesos y 74 millones (42 millones de hombres y 32 millones de mujeres) tienen sobrepeso.

De continuar esta tendencia se estima que para el año 2015, 2 de cada 5 adultos y 1 de cada 4 niños en los Estados Unidos serán obesos. La prevalencia de la obesidad ha ido en aumento en ciudades alrededor del mundo, alcanzando una cifra de 20 a 30% en algunas ciudades de Europa y un 70% en Polinesia. Según la Organización Mundial de la Salud (WHO) de mantenerse la tendencia actual el número total de personas afectadas por sobrepeso u obesidad para el año 2015 será de 1.5 billones. Por esto último es de gran importancia cambiar el curso de esta tendencia para combatir efectivamente esta pandemia.

Estudios recientes han demostrado que la obesidad está relacionada con 110.000 muertes en los Estados Unidos cada año.

La prevalencia de la obesidad en PR es 26.6% para el 2007; no hay diferencia en género y se ve más con mayor frecuencia entre los 45 y 64 años de edad.

La prevención de la obesidad en los adultos puede tener potencialmente un gran impacto en reducir la morbilidad y mortalidad resultante del efecto crónico de tener un exceso de grasa corporal. El aumento de la obesidad a nivel global presagia, a su vez, el aumento epidémico de la diabetes y sus serias consecuencias, incluyendo las enfermedades cardiovasculares (ECV). En el año 1998 la Asociación Americana del Corazón (AHA) identificó la obesidad como el principal factor de riesgo de ECV.

Cuantificación y medición de obesidad

La mejor manera de medir la obesidad es con el índice de masa corporal (IMC o BMI por sus siglas en inglés). Se calcula dividiendo el peso, en libras, entre la altura al cuadrado, en pulgadas, y multiplicándolo x 703, o según la fórmula: IMC: (peso/estatura2) x 703.

Los valores referenciales se ven a continuación:

Sobrepeso e hipertensión

La obesidad tiene un efecto crítico sobre el bienestar y la salud, y suele ser la causa de enfermedades y problemas cardiovasculares. Entre estos problemas uno de los principales es la hipertensión arterial. Estimados de riesgo de las poblaciones estudiadas sugieren que más de un 75% de los casos de hipertensión puede ser atribuido directamente a la obesidad. Sin embargo, el mecanismo exacto de la relación entre hipertensión y obesidad aún no está del todo claro. En algunos estudios observacionales se ha notado una relación entre la obesidad y el desarrollo ulterior de fallo renal como un mecanismo entre el desarrollo de hipertensión y obesidad.

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ÍNDICE DE MASA CORPORAL Y SU AUMENTO EN ÚLTIMAS DÉCADAS (EN USA)

Sobrepeso y lipoproteínas

La obesidad tiene un efecto muy importante en el metabolismo de las lipoproteínas, independientemente del grupo étnico al que pertenezca el paciente. El sobrepeso se asocia a un aumento de los triglicéridos, LDL y disminución del HDL. Igualmente, la pérdida de peso se asocia a lo contrario, tanto en hombres como mujeres. Los cambios en HDL asociados a la pérdida de peso son más pronunciados en las mujeres. La asociación entre la obesidad y el LDL es bastante compleja. El aumento en el índice de masa corporal (IMC) se asocia a un LDL de pequeña densidad que puede predisponer a la arteriosclerosis. Además la obesidad central está asociada a concentraciones elevadas de LDL.

Desórdenes metabólicos y sobrepeso

Hay una relación significativamente importante entre la obesidad y los desórdenes metabólicos generalizados en los que la resistencia a la insulina es un indicador bien definido. La resistencia a la insulina se asocia a un grupo de desórdenes metabólicos, incluyendo la obesidad, diabetes, hiperlipidemia, hipertensión y arteriosclerosis. También está ligada a estados protrombóticos. El rol en la resistencia a la insulina con respecto a la distribución de la grasa corporal es importante. Es así que la grasa abdominal está altamente relacionada a la resistencia a la insulina, aunque hay que tomar en cuenta factores como el envejecimiento, el ejercicio, la dieta y la genética.

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PREVALENCIA DE OBESIDAD EN ADULTOS MAYORES DE 20 AÑOS EN LOS ESTADOS UNIDOS, SEGÚN SEXO, RAZA Y GRUPO ÉTNICO. 2004

Sobrepeso juvenil

Ganar peso desde la adolescencia se asocia con un aumento en los riesgos de ECV durante la vida adulta del joven obeso, independientemente de sus niveles de IMC. Así por ejemplo en un estudio se demuestra que aquellos jóvenes que ganaron más de 5 libras luego de cumplir 15 años tuvieron cambios desfavorables en los factores de riesgo de ECV y una mayor incidencia de síndrome metabólico y sus componentes
- independientemente de su IMC inicial- en comparación con aquellos que lograron mantener un peso estable durante toda la vida.

Sobrepeso y longevidad

Con respecto a la mortalidad, muchos estudios determinan una asociación estadísticamente significativa entre el IMC y la mortalidad por ECV, sugiriendo así que evitar y prevenir la obesidad aumenta la longevidad. Así se ha logrado establecer en esos estudios, una asociación entre un IMC por encima de 30 y un aumento en la mortalidad. Por otro lado, el estudio AHEAD demostró los beneficios potenciales de bajar de peso con respecto a la mortalidad.

Estrategias

Para prevenir el desarrollo de sobrepeso y obesidad durante el transcurso de la vida son necesarias estrategias basadas en la población, que mejoren el ambiente social y físico, que incluyan una dieta saludable y actividad física.

Los programas dirigidos a la población para la prevención de obesidad son complementarios a las estrategias de prevención clínica, así como también a los programas de tratamientos para las personas que ya padecen de obesidad.

Conclusión

La obesidad aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares incrementando los factores de riesgo, tales como la diabetes, resistencia a la insulina, hipertensión, síndrome metabólico, aumento de LDL, triglicéridos y una disminución de HDL. Afortunadamente, hoy sabemos, y hay estudios que así lo demuestran, que bajar de peso impacta positivamente sobre la mortalidad, disminuyéndola significativamente. Por eso, una rutina de ejercicios y una dieta saludable pueden ayudar a nuestros pacientes obesos a aumentar su longevidad.

Entendiendo el impacto de la obesidad en las ECV, somos los médicos los primeros que debemos dar un ejemplo a nuestros pacientes, manteniendo un peso saludable. No es esa una simple exhortación, sino un compromiso con nuestra sociedad, cuyos profesionales de la salud somos la pieza clave para poder vencer a esta enfermedad que al día de hoy ha adquirido un carácter epidémico.