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Los lejanos rostros del Ébola

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Félix J. Fojo, MD
Ex Profesor de la Cátedra de Cirugía de la Universidad de La Habana ffojo@homeorthopedics.com felixfojo@gmail.com

La epidemia africana de fiebre Ébola que ha estremecido al mundo occidental desde el segundo trimestre de 2014, sobre todo después de la aparición de casos autóctonos (aunque contagiados por enfermos provenientes de África) en España y Estados Unidos, ha proyectado a los titulares y primeras planas su nombre: Ébola. Pero este nombre, prácticamente desconocido para todos nosotros hasta hace muy poco, tiene una historia.

Repasemos entonces brevemente, a través de algunos personajes y sitios, algo de esa historia.

  • Ciudad de Marburgo, Alemania Federal: en agosto de 1967 arribó a esta ciudad una partida de monos Cercopithecus aethiops (monos verdes) comprados en Uganda por dos institutos de investigación biológica. En los dos meses siguientes 31 personas del staff de los laboratorios contrajeron una fiebre hemorrágica que mató a 7 de ellas. Algunos monos se habían cedido a Yugoeslavia y allí también se presentaron casos. Se achacó la noxa erróneamente a una cepa de chlamydias. En 1970 se descubrió que había sido producida por un virus de la familia filoviridae. A la enfermedad se le denominó, injustamente, fiebre de Marburg, y así ha quedado.
  • Profesor E. T. Bowen, jefe de investigación virológica (décadas de 1960 y 1970) del Centro Especial Bacteriológico de Porton, Inglaterra (centro del gobierno inglés dedicado a virología y a estudiar enfermedades de etiología desconocida o poco claras): aparece como investigador principal del virus de la fiebre de Marburg y, más tarde, copartícipe en el estudio del virus de la fiebre de Ébola.
  • Murciélagos frugívoros, hypsignathus monstrosus, myonicteris torquata y epomops franqueti: son (probablemente) los reservorios o huéspedes naturales del virus. Otros animales: primates, antílopes, perros e incluso cerdos pueden hospedar el virus en forma circunstancial, pero no de forma natural, y no parecen enfermarse.
  • Río Ébola: es un pequeño río zairense (actual República del Congo) de unos 250 kilómetros de largo. Se desconoce su lugar de nacimiento exacto. Vierte sus aguas en el río Mongala que, a su vez, es afluente del río Congo. En sus márgenes está la aldea de Yambuku, de donde era nativo el primer paciente diagnosticado de fiebre de Ébola en 1976. También se le puso este nombre a la enfermedad para evitar susceptibilidades, pues en Alemania habían protestado por la denominación de fiebre de Marburg.
  • Profesor Peter Piot: fue el investigador belga que recibió la muestra de sangre (eran dos, pero una se rompió dentro del envase) de una monja muerta en Yambuku, Zaire, en 1976. Se pensaba que la monja había muerto de fiebre amarilla, pero cuando Piot vio una muestra bajo el microscopio electrónico exclamó alarmado: “¡Qué demonios es esto!”. Estaba observando, por primera vez en la historia, el virus filamentoso del Ébola, que aún no tenía nombre.
  • Filovirus o familia filoviridae: virus pleomórficos que presentan forma filamentosa. Pueden alcanzar longitudes tan largas como 14 000 nanomicras. El genoma es un RNA lineal de cadena única y sentido negativo. Su morfología recuerda un alambre. Los virus de la fiebre de Marburg y de la fiebre del Ébola son filovirus muy parecidos genéticamente.
  • El niño Emile: considerado el paciente 0 (inicial) de la actual epidemia (2014) de fiebre del Ébola. Se documentó su fallecimiento por Ébola el 6 de diciembre del año 2013. El deceso ocurrió en la aldea de Meliandou, prefectura de Gueckedou, al sur de Guinea Ecuatorial. En el entierro de Emile, de Sia, su madre, de Koumba, su abuela y de Philomene, su hermana de tres años, todos muertos casi al mismo tiempo, se contaminó el trabajador sanitario que se convirtió en el foco secundario que diseminó la infección a Sierra Leona y Liberia.

El resto es historia más o menos conocida.