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Las dos Giocondas

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Jesús María del Rincón
Retratista delrinconportrais@gmail.com www.delrinconportraits.com

De las cuatro copias existentes de La Gioconda (o La Mona Lisa, como también se la conoce), una se destaca por haber sido pintada en la misma época que el original –y en el propio taller de Leonardo da Vinci– por uno de sus estudiantes aventajados.

Procedente de las colecciones reales españolas, esta copia está en el Museo del Prado desde su inauguración, por lo que ya era conocida. Sin embargo, recientemente adquirió notoriedad, pues fue solicitada en calidad de préstamo por el Museo del Louvre para mostrarla al lado del original. Ambas serán expuestas juntas a partir de marzo en París hasta junio, fecha en que regresará la copia española a su sede original en Madrid, donde se ubicará al lado de lienzos de otros maestros italianos.

La restauración de la copia, que duró cuatro meses, reveló –por medio de la reflectografía– un paisaje bajo la capa oscura de barniz viejo y, al compararla con el original, se comprobó que el dibujo era similar en las dos pinturas y que aun las correcciones coincidían, por lo que se asume que las dos fueron pintadas en el estudio del maestro florentino casi simultáneamente.

Esta copia de La Gioconda se conserva en mejor condición que la original. Fue pintada sobre una tabla de nogal, de superior calidad que la de Leonardo, que es de chopo. Hay muy pocas diferencias entre ambas; en el original la dama no tiene cejas, costumbre italiana de las féminas de la época, mientras que en la copia sí las tiene, aunque muy leves. La primera es cuatro centímetros más pequeña que la copia y, según los expertos, Da Vinci no intervino en su ejecución, pues su técnica era diferente y más avanzada que la del copista, bastante más simple y carente del esfumado que caracterizaba al maestro.

Se desconoce la razón por la que se copió esta obra maestra; tal vez a solicitud del monarca Francisco I de Francia, para obsequiarla; quizás para el propio Leonardo como recuerdo, una vez que se desprendiera de la obra, nadie sabe. Lo que sí continúa siendo un enigma es la leve sonrisa de la retratada, Lisa Gherardini, de la que se ha llegado a decir, entre otras cosas, que estaba embarazada y por ello radiante de felicidad.

Es sabido que la verdadera Gioconda fue hurtada en 1911 del Louvre; que es la pintura más famosa que existe y que millones de personas la visitan para ver su enigmática sonrisa, a pesar de que se exhibe detrás de un vidrio antibalas y de haber un cordón que impide acercarse demasiado a la obra, que es bastante pequeña. No obstante, ella y su hermana gemela disfrutan, a pesar de su avanzada edad, de una salud inmejorable y observándolas, nos asomamos al Renacimiento y contemplamos la visión de un genio.