Suplemento de Patología

La patología molecular

como herramienta fundamental en oncología: La medicina personalizada en la práctica actual

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Keila L. Rivera-Román, MD, FCAP, FASCP
Sub-especialista en Patología Genética Molecular Catedrática Auxiliar, Departamento de Patología Anatómica y Clínica Escuela de Medicina, Universidad de Puerto Rico

Los adelantos recientes en la medicina han permitido que podamos ofrecerles a los pacientes con cáncer nuevas modalidades de tratamiento y lograr así que su enfermedad pase de ser terminal a crónica. Con el uso de la información genética adquirida al culminarse el Proyecto del Genoma Humano en abril de 2003, se han podido dilucidar las alteraciones genéticas y proteómicas clínicamente más significativas en las enfermedades malignas humanas más comunes. A estas alteraciones genéticas se les conoce comúnmente como biomarcadores.

Pruebas moleculares diagnósticas

Desde el punto de vista clínico, las pruebas de patología genética molecular permiten establecer el estatus genético en algunas malignidades comunmes.

En general, al hablar de biomarcadores, podemos considerar los siguientes tipos:

  1. Biomarcadores de diagnóstico: ayudan a decidir si un proceso es cáncer o no y en su clasificación;
  2. Biomarcadores de pronóstico: ayudan a predecir el comportamiento del tumor, independientemente de la terapia utilizada; y
  3. Biomarcadores de predicción: ayudan a predecir si un paciente podría beneficiarse o no de una terapia especifica.

Luego de que el patólogo anatómico haya hecho un diagnóstico de malignidad y haya descrito el tumor como uno con biomarcadores conocidos, él refiere el tejido (y/o sangre, suero o fluidos) para que se hagan las pruebas moleculares pertinentes. Es importante recalcar que también los médicos especialistas y primarios del paciente pueden referir esas pruebas. Con tecnologías y metodologías de amplificación de ácidos nucleídos, como la reacción de polimerasa en cadena (PCR) y PCR en tiempo real y otras de detección, como la secuenciación genética clásica y la de siguiente generación (next generation sequencing), hasta estudios citogenéticos y de sondas específicas, podemos examinar exhaustivamente a nivel molecular una muestra humana. Tras culminar la parte técnica de la prueba, que puede ser automatizada o no, un patólogo analiza los resultados y ofrece una interpretación médica de los hallazgos.

En la práctica

En la actualidad hay varios tipos de tumores para los que rutinariamente realizamos pruebas de patología genética molecular. Entre estos se encuentran:

  • Cáncer de mama: sobreexpresión o amplificación de Her 2 Neu, expresión de receptores de estrógeno y progesterona, marcadores de proliferación celular;
  • Melanoma: mutación en BRAF;
  • Adenocarcinoma de pulmón: formación de gen de fusión con ALK, mutación en EGFR;
  • Cáncer de colon: mutación en BRAF, KRAS, estatus de micro-satélites y expresión de proteínas de reparación de ácidos nucleicos (mismatch repair); y
  • Enfermedades linfoproliferativas: marcadores que predicen comportamiento y/o dirigen tratamiento (por ejemplo, leucemia mielógena aguda asociada a traslocación de cromosomas 15 y 17; identificación de alteraciones asociadas a FLT3 en leucemias agudas.

Con la información obtenida de la interpretación de estas pruebas, el médico especialista o primario podrá tomar decisiones acerca del tratamiento del paciente (terapia dirigida a mutaciones vs. terapia convencional) y hacer un “mapa pronóstico” del comportamiento y de la biología única del tumor.

De esta manera, se puede ofrecer un tratamiento personalizado al estatus genético de los biomarcadores conocidos en cada tumor en lugar de uno genérico. La calidad de vida ha mejorado sustancialmente en estos pacientes y muchos de ellos han logrado convertir su cáncer en una enfermedad crónica.