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Temas de interes / La torre de marfil

La paradoja francesa

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Félix J. Fojo, MD
felixfojo@gmail.com ffojo@homeorthopedics.com

Al terminar las guerras napoleónicas con la invasión del territorio francés por los ejércitos de la Santa Alianza, muchos médicos europeos que se habían unido, quizás en busca de aventuras, a la Grande Armée de Napoleón, quedaron varados en el Continente. El irlandés Samuel Black fue uno de ellos. Hombre observador y amante de la cultura y la buena mesa gala, publicó en 1819 un artículo científico en el que hizo la siguiente observación: “Los franceses comen una gran cantidad de grasas -quesos, otros derivados de la leche completa y foie gras- y en general tienen menos ataques al corazón que los ingleses y otros europeos”. Al final del artículo Black dejo entrever que el consumo de vino tinto podía tener alguna participación en el asunto.

En 1991, ciento setenta y dos años después, en un programa “60 Minutes” de la televisión en los Estados Unidos se trajo nuevamente el tema a colación en relación a unos artículos de investigación publicados. Para sorpresa de todos, el consumo de vino tinto subió casi un 50% en las semanas siguientes. Desde entonces se conoce a esta relación, más o menos estadística, como “La Paradoja Francesa”.

¿Existe algo de verdad en ella? Parece ser que si. En artículos recientemente publicados se ha probado que la enfermedad coronaria es tres veces menor en hombres franceses entre 35 y 74 años que en los norteamericanos de la misma edad. ¿Será entonces el vino tinto? Es cierto que los norteamericanos consumen grandes cantidades de grasas de pésima calidad (trash food) y los franceses consumen grasas naturales, pero también es cierto que el vino tinto contiene elementos de la cáscara de la uva -resveratrol y procianidinas- que parecen tener un marcado efecto antioxidante.

No obstante, no debemos perder de vista que los franceses tienen una mayor actividad física que los norteamericanos, consumen menos carbohidratos, ingieren menos cantidad de comida y, sobre todo, hacen de la comida un placer, a diferencia de los norteamericanos que se limitan a “poner combustible en el tanque”. Las investigaciones continúan. Decida usted.