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La leyenda de Zeuxis y Parrasio

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Jesús María del Rincón
Artista, Pintor y Retratista bicubicart@gmail.com

Cierto día, no hace mucho, recibí en el correo un sobre dirigido a mí en caracteres castellanos, aunque escritos a mano en estilo heleno. Al abrirlo, cuál no sería mi sorpresa al ver que estaba invitado a una disputa pictórica entre dos pintores griegos del siglo V a. C., Zeuxis de Heraclea y Parrasio de Éfeso.

Aquello no tenía sentido, pues yo recordaba haber leído en alguna enciclopedia esa leyenda que contaba Plinio el Viejo y que tuvo lugar en los tiempos de la Grecia clásica, para determinar quién era el mejor pintor de ese momento, si Zeuxis o Parrasio. Sin embargo, acabando de leer la última palabra de la invitación, fui teletrasportado a algún lugar de la antigua Grecia.

En un abrir de ojos, me encontré en un recinto lujoso, con suelos y columnas de mármol –vestido con ropa del siglo XXI– entre personajes griegos de la antigüedad, si bien ninguno parecía verme, aunque yo sí a ellos. Discretamente, me senté en un lugar preferente y observé cómo el juez daba comienzo a la competencia pidiendo a uno de los contrincantes, Zeuxis , que mostrara su obra.

Zeuxis: Lo que van a ver es una pintura copiada de la naturaleza. Creo haber imprimido en ella todo el saber de mi oficio.

Juez: Descorre la tela que cubre tu pintura y deja que sea yo quien la juzgue.

Acercándose a la obra, Zeuxis descorrió la tela y aparecieron ante los ojos de los allí presentes unas uvas, tan perfectas y apetecibles que no tardaron las aves del cielo en bajar a picotearlas, pensando que eran reales.

El clamor fue general y ya se daba la competencia por perdida para Parrasio, pues qué más podría superar el realismo de aquella pintura.

Juez: Procedamos con la obra de Parrasio. Por favor, descorre la tela que la cubre.

Parrasio pareció no inmutarse y el juez, ya impaciente, volvió a solicitarle descorrer la tela que cubría la pintura. Sin embargo, Parrasio hacía oídos sordos a la solicitud del juez.

Juez: Le pido por última vez que descorra el paño que cubre su pintura; de no hacerlo de inmediato, adjudicaré el premio a Zeuxis, el cual será conocido como el mejor pintor de Grecia de nuestro tiempo.

Impaciente Zeuxis por obtener el premio de inmediato, avanzó hacia la pintura de su oponente y, al tratar de remover la tela, se dio con una gran sorpresa al ver que esta era... la propia pintura, un trampantojo que hacía ver lo que no es.

Sin esperar la decisión del juez, el propio Zeuxis hablo así, avergonzado: Yo he engañado a los pájaros, pero tú, Parrasio, me has engañado a mí. Por tanto, admito que eres mejor pintor que yo.