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La hemofilia, y mi familia

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S.A.R. Don Leandro Alfonso de Borbón

Hoy se llama hemofilia, pero hasta inicios del siglo XX era simplemente una enfermedad de la sangre. Ahora sabemos que es una falla genética común en hombres y mujeres, ligada al cromosoma X, por la que el metabolismo del varón enfermo no puede coagular la sangre con normalidad, pudiendo morir desangrado por una hemorragia interna o externa. En la mujer esto lo subsana el otro cromosoma X, pero cuando lo hereda, sí lo trasmite a su descendencia.

Hacia 1700, los rabinos judíos notaron, al circuncidar a algunos niños, que sangraban mucho o morían y que eran siempre de las mismas familias. En 1800, el Dr. John C. Otto hizo los primeros estudios de familias hemofílicas, observando que, madres “sanas” podían transmitir la hemofilia a sus hijos, que la padecerían, y a sus hijas, que serían portadoras. Así, fue hallando las claves de la enfermedad. En 1840, en Londres, se postuló que algo le faltaba a la sangre del hemofílico, y que haciendo una trasfusión de sangre sana se logró parar las hemorragias. Mucho después, por 1970, se elaboraron concentrados para paliar las deficiencias.

La historia de la hemofilia y la de mi familia están tristemente unidas. Se origina en la Reina Victoria de Inglaterra, que trasmitió la hemofilia a las casas reales de España, Alemania y Rusia. La heredaron tres de sus nueve hijos, el Príncipe Leopoldo, a quien la enfermedad se lo llevó por un tropezón en Cannes, y las Princesas Alicia y Beatriz. La Princesa Alicia la trasmitió a su hijo varón y a su hija Alix, que se casó con el Zar Nicolás II. Con él tuvo cuatro mujeres y, en 1904, un varón hemofílico, Alexis. Ellos fueron asesinados en 1918. La Princesa Beatriz, por su lado, llevó la enfermedad a la Familia Real Española, mi familia. En 1885, ella se casó con el Príncipe de Battemberg. Su hija, Victoria Eugenia, se casó con mi padre, el Rey Alfonso XIII de España. Con él tuvo a mis seis hermanos mayores. El mayor, Alfonso, Príncipe de Asturias, también padecía de hemofilia y llevó una vida aislada para protegerle de cualquier accidente. Se casó con una plebeya y renunció a la sucesión y al Principado de Asturias, que pasó a mi hermano Jaime, quien pronto renunció a la Corona por problemas de salud. El menor, Gonzalo, murió a los 19 años en Austria, por un derrame interno.

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Alfonso XIII de España

Hay más de 162 libros sobre mi padre, el Rey Alfonso XIII, y muchas versiones sobre si, al casarse enamorado, sabia o no el problema de hemofilia de su esposa. Se menciona que él no pudo asumir la enfermedad de su primogénito. Mi opinión es que su matrimonio nunca más volvió a ser perfecto cuando se enteró de la enfermedad. Su madre, S. M. Doña María Cristina de Austria, solía visitar nuestra casa en la madrileña Avenida del Valle, para ver a sus dos nietos sanos, mi hermana María Teresa y yo, a pesar de no ser fruto del matrimonio de su hijo.

Por 1915, Alfonso XIII volvió a sentir el amor, siendo su remanso mi madre, Carmen Ruíz Moragas, hasta que salió al exilio en 1931. No volvió a España, para evitar derramamiento de sangre. Carmen y Alfonso XIII tuvieron pequeñas ráfagas de amor en encuentros fuera de España, hasta la venida del Rey, con pasaporte diplomático, para darle el último beso la noche del 11 de junio de 1936, en que ella murió. La guerra civil empezó un mes después de su última aparición y de ese beso de despedida.