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La arquitectura como una obra de arte y el ejemplo de Frank O. Gehry

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Cristina Villanueva-Meyer, M Arch
vmbstudio@gmail.com

Arquitectos con la visión y los medios para crear edificaciones que se puedan apreciar como obras de arte de la ciudad son pocos, pero existen. Esto ocurre debido a que, en la mayoría de oportunidades, el arquitecto tiene que adaptarse o limitarse al presupuesto que tiene su cliente. Así, ese factor, que en cierta forma es importante, determina los parámetros estéticos de la obra. Esto es muy independiente de la capacidad que pudiera tener el arquitecto para diseñar un edificio más creativo que simplemente funcional.

Entre los arquitectos contemporáneos que consideran que la arquitectura es un arte, se encuentra Frank O. Gehry (Toronto, 1929), quien enfatiza que un edificio terminado tiene que ser visto y apreciado como una escultura urbana. La mayoría de sus obras se caracterizan por tener formas geométricas únicas y por la manera como Gehry juega con los volúmenes y los materiales que emplea en las fachadas, como suele hacerlo con el metal. Sus obras tienen movimiento, complejidad, y expresan libertad, ya que no usa formas rígidas sino curvas, ondas y encuentro de volúmenes. Al ingresar en ellas se siente y percibe que se está dentro de una escultura de metal gigante.

Entre sus más preciadas y reconocidas obras, se encuentran el Museo Guggenheim de Bilbao en España y, en los Estados Unidos, la Sala de Conciertos Walt Disney en Los Ángeles y el Pabellón Pritzker en Chicago, entre muchas otras en distintos lugares del mundo.

Es bueno saber que siempre hay obras y arquitectos que resaltan y ven más allá de lo común para crear un espacio único que exprese características propias de una obra de arte. Si todos apreciáramos la arquitectura de esa manera, viviríamos en un gran lienzo donde cada detalle sería la puerta a un espacio de una obra de arte urbana.

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Franck O. Gehry, Jay Pritzker Pavilion, 2004, Millenium Park, Chicago