
- Dr.-Felix-J.-Fojo
- Ex Profesor de la Cátedra de Cirugía de la Universidad de La Habana ffojo@homeorthopedicspr.com
Napoleón Bonaparte (1769-1821) fue casi todo y todo le ocurrió muy rápido. Soldado, teniente artillero, general de los ejércitos de la República Francesa, Cónsul, Primer Cónsul, Cónsul Vitalicio, Rey de Italia, Emperador de los franceses, general invencible, general derrotado y un pobre exiliado en una isla perdida en el océano. Si alguien ha vivido alguna vez una novela, ese fue el señor Bonaparte. Fue francés por pura casualidad, pues Córcega, la isla mediterránea donde vino al mundo, perteneció a Genova hasta unos meses antes de su nacimiento. Tampoco era tan pobre como se ha contado, pues su familia pertenecía a la nobleza corsa y su padre practicaba la abogacía y estaba bastante bien conectado.

Su vida y su legado han llenado millones de páginas
probablemente sea el personaje mas biografiado de
la historia-, y por lo menos siete películas nos cuentan
su vida; incluyendo la dirigida por Abel Gance, que se
suele considerar como una de las diez mejores cintas
realizadas en la historia del cine. Las cinco botellas
de Cognac Napoleon, cosecha de 1802, que se sabe
existen, valen miles de dólares. ¡No en balde los locos
internados en los manicomios lo han convertido en su
personaje favorito!
Pero hablemos de la causa de su muerte y un cuadro
famoso. Las causas directas de su muerte, acaecida en
la isla de Santa Helena, a los 51 años de edad, ha sido
motivo de largas disquisiciones históricas y médicas.
Durante mucho tiempo hubo pocas dudas de que
su deceso fue provocado por un cáncer de estómago
enfermedad que también había sufrido su padre
Carlo-, pero el análisis químico de un mechón de su
cabello, guardado como reliquia, demostró una alta
concentración de arsénico.
¿Y el cuadro? Las dos versiones del retrato de grandes dimensiones pintadas por Jacques-Louis David en 1812, que muestran al Emperador con su mano derecha sobre el vientre y por dentro del chaleco, se han considerado como prueba de que padecía dolores estomacales. Estamos hablando de nueve años antes del fallecimiento; demasiado tiempo para que una tumoración maligna sea ya sintomática. Para nosotros, se trata simplemente de la expresión de un hombre muy poderoso, que palpa con orgullo y complacencia su barriga.


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