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Jackson Pollok

El artista norteamericano más original de su generación

Paseando por las calles de Huntington en Long Island, Nueva York, observé a un individuo calvo con una lata de pintura roja, lanzando ráfagas líquidas contra el suelo con una brocha enorme, mientras gesticulaba como un poseso. Un viandante le gritó: “¡Tenga más cuidado, que va a manchar a la gente! ¡Que no es Jackson Pollock!”, a lo que el alucinado respondió molesto: “¡Sí lo soy!”

Me aproximé a él y sin duda se trataba del expresionista abstracto norteamericano más famoso de su generación. Aquel que ayudado por la Mecenas multimillonaria Maggie Guggenheim, subió como la espuma en el tan difícil mundo del arte de la postguerra, exponiendo póstumamente sendas retrospectivas en los museos MOMA de Nueva York y en el TATE de Londres, mientras su obra se la disputan hoy día los coleccionistas de arte y las casas de subasta.

DelRincón: Pensé que había fallecido.
Pollock: Sí, el 11 de agosto de 1956, con 44 años y en el zenit de mi carrera, estrellé mi carro contra un árbol, no lejos de mi casa, y me costó la vida. Iba borracho con Ruth Kligman, mi amante, la cual salió despedida del auto y se salvó. No fue tan afortunada la otra pasajera, Edith Metzger, quien falleció.

DelRincón: Sé que nació en 1912 en Cody, Wyoming, y que creció en Arizona y California.
Pollock: Efectivamente, pero dejé California y dirigí mis pasos a Nueva York en busca de oportunidades. Allí, junto a mi hermano estudié bajo Thomas HartBrenton en el Art Students League. Venía de ser expulsado de Los Angeles’ Manual Arts High School, y previamente de otra escuela, ambas veces por provocar peleas.

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Foto suministrada

DelRincón: Si tenía formación académica, ¿por qué abrazó el abstracto?
Pollock: Deseaba romper con el academicismo, ser original. Se me ocurrió que el “drippainting” o goteo, era una forma genuina de lograrlo.

DelRincón: ¿Por qué numeraba las pinturas en vez de darles un nombre, como el resto de los artistas?
Pollock: La pintura debe valer por sí misma, sin recibir ayuda del título.

DelRincón: Se sabe que usted era alcohólico, y esporádicamente cambiaba pinturas por alcohol.
Pollock: Alguna vez lo hice, aunque económicamente me iba bastante bien, pues mi esposa, Lee Krisner, quien también era pintora, me ayudó mucho, abandonando su carrera para dedicarse a la mía.

DelRincón: ¿Es cierta su bipolaridad y el carácter volátil?
Pollock: No entiendo el término bipolar, aunque le aseguro que el que me busca me encuentra.

DelRincón: Sus detractores le tacharon de fraude, aduciendo que sus pinturas no eran arte, y tan fáciles de hacer, que hasta un niño jugando lograría los mismos resultados.

Pollock me miró con rabia y se abalanzó sobre mí con la brocha en ristre, por lo que salí corriendo, mientras él me perseguía indignado y vociferando. Afortunadamente yo era más rápido que él, aunque para mi sorpresa, cuando miré para atrás se había esfumado. Tal vez nunca estuvo ahí y todo fue mi imaginación.