Temas de Interés

Temas de Interés / Torre de Marfil

Hamilton Naki:

La humildad y el talento

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Félix J. Fojo, MD
Ex Profesor de la Cátedra de Cirugía de la Universidad de La Habana ffojo@homeorthopedics.com felixfojo@gmail.com

Hamilton Naki nació en 1926 en Ngcingane, una aldea muy pobre situada en el corazón de un pequeño territorio, el Transkei, uno de los futuros bantustanes creados a la fuerza por el apartheid sudafricano, muy rico en recursos naturales pero con una enorme población negra discriminada y sometida a formas de explotación medievales.

Tuvo padres preocupados y suerte, ya que pudo ir a la escuela primaria donde aprendió a leer, a escribir y algunos rudimentos de matemáticas. No era mucho, pero sí lo suficiente para que sintiera el impulso de buscar mejores horizontes en Cape Town, la moderna ciudad del Cabo de Buena Esperanza, lo que hizo en 1940. En esto también fue afortunado, pues después de 1946 las leyes raciales impedirían que un negro pudiera viajar de una ciudad a otra y mucho menos desde un bantustán.

En Ciudad del Cabo, se ganó la vida como pudo hasta que logró conseguir el codiciado (para un negro) puesto de jardinero de la Universidad de Cape Town. Fue allí, en 1954, donde el profesor de Cirugía Robert Goetz, observando el cuidado que Naki ponía en sus labores, le ofreció encargarse de la limpieza del laboratorio de cirugía experimental.

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Christiaan Barnard escribió en sus memorias la frase que puede constituir el mejor epitafio para Hamilton Naki: “One of the great researches of all time in the field of heart transplants”.

El resto de la historia es más o menos conocida pues se han escrito libros, se ha filmado una película y varios documentales que la narran: además de sus labores de limpieza en el laboratorio, Naki se fue involucrando cada vez más en la anestesia de los animales, perros, carneros, cerdos e incluso de una jirafa sometida al estudio del sistema vascular de su largo cuello. Con el tiempo Naki se convirtió, a fuerza de trabajo, dedicación y una habilidad increíble para manipular tejidos y órganos, en ayudante quirúrgico de las intervenciones experimentales de trasplantes.

Christiaan Barnard, que luego revolucionaría la medicina al trasplantar por primera vez un corazón humano, lo hizo su ayudante permanente. Y se sigue discutiendo hoy en día si Naki fue el hombre que el 3 de diciembre de 1967 extrajo del pecho de Denise Darvall el corazón que se le colocaría a Louis Washkansky. También es tema de discusión porque, de haberlo hecho él, todos los miembros del equipo quirúrgico habrían cometido un gravísimo delito, penado severamente por la ley sudafricana de entonces: haber permitido que un negro tocara con sus manos a una blanca, sin importar que esta ya estuviera muerta.

Después de esto Naki siguió trabajando, por 24 años más, sobre todo con los profesores Rosemary Hickman y Ralph Kirsch y el Dr. Del Khan en la puesta a punto de los trasplantes hepáticos, hasta su retiro en 1991 como… jardinero, con $275 mensuales.

En 2003 se le concedió, en un acto solemne, el título honorario de Master of Medicine de la Universidad de Cape Town. Murió rodeado de sus hijos y nietos en 2005.