Editorial invitado

Fuga de profesionales de la salud hacia los Estados Unidos

JPEG - 3 KB
Eduardo Ibarra, MD
Presidente del Colegío de Medicos Cirujanos de Puerto Rico

Durante muchos años, se ha venido sospechando que una cantidad considerable de médicos y profesionales de la salud estaba abandonando la isla en busca de otros destinos, principalmente los Estados Unidos. Dicha “sospecha” tenía sus fundamentos en observaciones de carácter informal y, desde luego, en infinidad de hechos anecdóticos repetidos incansablemente una y otra vez. En los años pasados, se llevó a cabo una intensa campaña mediática en la que se afirmaba categóricamente que la llamada “fuga de talentos médicos” hacia los Estados Unidos era consecuencia de las demandas frívolas en contra de los galenos, con los consiguientes costos y daños al profesional, a su familia y a su propiedad.

A raíz de observar que los llamados “Índices Geográficos” para Puerto Rico (Geographic Practice Cost Indices, GPCI) –que son el fundamento de los pagos que reciben nuestros médicos por sus servicios a pacientes de Medicare y Medicaid– eran y siguen siendo los más bajos de la nación, incluyendo los territorios como las Islas Vírgenes y Guam, el Colegio de Médicos Cirujanos ordenó un estudio estadístico científico externo. Este tuvo como fin determinar cuál es el costo básico para que un profesional pueda ejercer la práctica médica en Puerto Rico según cada especialidad y para saber si la disparidad en los pagos ha sido determinante en la emigración de nuestros médicos, principalmente hacia los Estados Unidos.

Los resultados de la encuesta corroboraron lo que muchos sospechábamos: que las razones de la emigración de nuestros profesionales son totalmente distintas a las previamente enunciadas. La primera y la principal razón es una notable y, en algunos casos, abismal diferencia en los pagos por sus servicios. La segunda causa es la dramática diferencia en el tiempo y forma en que los médicos reciben sus pagos, además de lo difícil que resulta ejercer la profesión en un ambiente donde el médico se ha convertido en un obrero de la salud, donde sus criterios, educación y estudios no son ni remotamente los que guían sus decisiones y donde los criterios de terceros les son impuestos por el Estado en forma unilateral. Y, finalmente, hay que señalar el deterioro general de la calidad de vida en la isla, principalmente para los médicos que están en vías de desarrollar una familia.

Ni más ni menos que el 60% de nuestros profesionales ha estado o está en estos momentos considerando emigrar. Es notable que un 0% de los encuestados haya mencionado el problema de las demandas por impericia como el factor que les haya hecho abandonar Puerto Rico. Por otra parte, es también notable que prácticamente todos manifiesten tristeza y dolor por tener que abandonar su país y su familia. Muchos expresan que la situación es tal que llega el momento en que son su propia madre y sus familiares quienes les piden que se vayan y busquen mejores destinos para ellos y sus descendientes.

¿Qué hacer ante tan dramáticas realidades?
Sencillísimo en la teoría, pero materialmente imposible en la práctica. En teoría la solución sería simple y se basaría en erradicar el actual sistema de salud, dramáticamente injusto para los pacientes y para los proveedores y sustituirlo por un Sistema Universal de Salud que sea el ejemplo de los Estados Unidos y del mundo entero.

En la práctica, en el mundo real, esa solución, la cual requeriría de la voluntad política, está cada día más lejana y solo nos queda, como alternativa, el elevar nuestra voz y esperar a que los pueblos, tanto el puertorriqueño como el estadounidense, se decidan finalmente a tomar con valentía las riendas de sus destinos en cuanto al cumplimiento del más sagrado de sus derechos, el cuidado de su salud.