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Ferias de arte vs. coleccionismo

“El arte, porque está hecho de la misma manera que los intercambios sociales, ocupa un lugar particular en la producción colectiva.” Nicolas Bourriau, Estética relacional

Carolina Stubbe, MA

Museóloga

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Las ferias de arte comienzan sus andanzas en Europa occidental en el siglo XVIII. Las artesanías y las finanzas ampliaban los mercados y los coleccionistas comenzaban a expandir sus intereses. Igualmente, las ferias eran celebraciones de festividades culturales de intercambio y muestra de objetos curiosos o novedosos.

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Laurens, (Creative Commons 3.0).

Las ferias contemporáneas funcionan de manera similar, pero se han especializado y han proliferado. Se ha creado así un gran mercado del arte en diferentes países, movilizando públicos diversos, que siguen a galerías y artistas a los distintos eventos en la búsqueda incansable de las piezas de arte más preciadas.

En algunos casos los museos, en apoyo al movimiento que crean estos blockbusters del arte, se enlazan en las actividades con el fin de apoyar la promoción y difusión de las artes. Se podría decir que intervienen en el inconsciente colectivo del lugar, donde lo importante es el arte y el entorno social del mismo.

Algunos circuitos y espacios de la ciudad se organizan y se transforman para recibir a coleccionistas, críticos, curadores, periodistas y público en general. La adrenalina del arte invade la ciudad, así como a los coleccionistas que tienen que pensar en lo que les gusta, en cómo invertir, a qué artista dirigir su atención y, además, en tener una elección coherente con el perfil de su colección. Los valores intangibles, como son las piezas de arte, se hacen tangibles en las fantasías de los coleccionistas, la oferta se vuelve tan abrumadora que “casi” todo parece entrar en el carácter de la colección.

Otra de las interrogantes del coleccionismo en las ferias de arte es si en algunos casos se trata de inversión, de simple adquisición de un bien o de despilfarro. Siempre se desea poseer aquello que es reconocido por el mercado y el mundo del arte aunque el gusto y el conocimiento del coleccionista deben ser sus principales guías.

De igual manera, las piezas exhibidas por los galeristas, son una suerte de laboratorio, donde la calidad de la obra puede variar. Si bien el galerista trata siempre de exponer lo mejor de cada uno de los artistas representados, siempre habrá disparidad en las apreciaciones estéticas de cada cual. Ocurre también que en las generaciones actuales los gustos han cambiado significativamente, así como también los soportes plásticos de expresión (instalaciones, performances, fotografías y vídeos, se agregan a los géneros tradicionales tales como la pintura, la escultura, la gráfica, etc.).

Sean cuales sean las opiniones sobre los eventos artísticos que reúnen a galeristas y artistas de las diferentes culturas mundiales, tienen en común que allí todos hablan el mismo idioma, un lenguaje que es gratificante tanto el alma del coleccionista, como para el alma de todos aquellos que las visitan.