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ARTE

Félix Bonilla Norat (1912-1992):

Artista y educador excepcional

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Mariana García Benítez
Periodista de cultura
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Investigar sobre el artista puertorriqueño Félix Bonilla Norat se convirtió en una gran satisfacción personal. Ocurre que cada una de las personas que conocieron personalmente a este artista tiene una anécdota maravillosa que contar. Entrevisté a algunos familiares y directores de Museo; al mencionar a Bonilla Norat, recibía una sonrisa de vuelta. Un maestro y un erudito del arte que entraba por la ventana del salón de clases en vez de por la puerta y se ponía a hablar de arte inmediatamente. Así era este gran hombre. Era un imán para los estudiantes y, según artistas entrevistados, un maestro excepcional de teoría del color.

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Félix Bonilla Norat, Meta-Zeta (1966-1968), acrílico sobre masonite, 23” x 14.5”.
(Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico).

Félix Bonilla Norat nace el 28 de octubre de 1912 en Cayey, y pasa su niñez en Arecibo. El gobierno de Puerto Rico lo beca en 1935 para estudiar Arte en Europa. Asiste a la Academia San Fernando en Madrid y más adelante estudia en París con André Lohte y Othon Friez. En 1938, seis de sus pinturas son expuestas en el “Salón de las Tullerías” en París. Este espacio de exhibición era uno de los centros de exposición más importantes del mundo en aquellos años.

Para la década de 1950, ya de regreso en Puerto Rico, se gana la vida como profesor de Arte y Pintura en la Universidad de Puerto Rico. Colaboró también como profesor de serigrafía en la DIVEDCO, la División de Educación de la Comunidad y su interés en el desarrollo del arte en la isla lo llevó a formar talleres y organizaciones artísticas como la primera cooperativa que hubo en San Juan de escultores y pintores llamada Borinquen 12. Igualmente, como crítico de arte, colaboró por más de diez años en el periódico The San Juan Star.

Cuentan que el artista trabajaba con materiales usados o viejos que él mismo recogía, por ejemplo de la playa, y los añadía a sus piezas. En una época en la que no se conocía de la instalación, y en la que a una pintura no se le añadían elementos fuera del canvas, Bonilla Norat experimentaba con nuevos lenguajes plásticos. Queda mucho por conocerse y por publicarse sobre esta figura, uno de los grandes maestros de arte que ha tenido Puerto Rico.