Artículos Médicos

Experiencia en traumatología y ortopedia luego de un huracán:

Un testimonio personal

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Luis A. Ríos Reboyras, MD
Especialista en Ortopedia y Traumatología Hospital Pavía Santurce

El pasado mes de septiembre pasó sobre Puerto Rico un huracán cuya intensidad casi llegó a categoría 5. Como muchos, nunca imaginé que nos afectaría tanto. Unos días antes, el viernes 15 de septiembre, viendo la trayectoria esperada, decidí llamar a nuestro suplidor de implantes para preparar al hospital en base a nuestro recuerdo del huracán Georges en 1998, cuando yo era residente de ortopedia en Centro Médico.

Ordené bandejas para fracturas de cadera, de muñecas, de hombros, de tobillos, de fémur, de tibia y, además, una variedad de anclas para reparar tendones y ligamentos rotos. Esterilizamos y preparamos todos esos equipos además de varios taladros de baterías. El hospital cuenta con una planta eléctrica nueva, de menos de un año, que puede mover todo el hospital, así que tuve la fe y esperanza en que podríamos empezar a operar rápido. Como se esperaba, el huracán María pasó sobre nuestra isla entre el martes 19 y el miércoles 20 de septiembre. El jueves temprano, luego de pasar visita a 2 pacientes recién operados, uno de ellos el día antes, y ante la magnitud de lo sucedido, decidimos preparar todo para las cirugías de los días siguientes, en cuanto comenzaran a llegar los afectados.

Como no había ningún tipo de comunicación, pasaba todos los días por la sala de emergencias al entrar y salir del hospital. El lunes 25 de septiembre comenzamos a operar caderas, muñecas, hombros y tobillos. Cuando podía bajaba de sala de operaciones para evaluar a los pacientes en sala de emergencias. Junto a toda la facultad del hospital, incluyendo especialistas en medicina interna, cardiología, cuidado crítico, anestesiología, urología, entre otros, pudimos admitir y preparar a todos los pacientes. Había casos de heridas en rodillas, en manos, en caderas, en muñecas, en hombros, entre otros. Muchos eran por caídas por resbalones, y las caídas del techo o de las escaleras estaban a la orden del día. Como me tocó ser el único cirujano operando pude contar con múltiples salas.

El miércoles 27 recibí un mensaje por WhatsApp que junto a Facebook era lo único que funcionaba para comunicación– indicando que en el Centro Médico de Puerto Rico necesitaban ayuda debido al colapso eléctrico y de agua. Nuestro hospital nunca llegó a perder su wifi, así que traté de comunicarme, pero mi respuesta no les llegaba. Le mencioné esto a uno de nuestros administradores, el Sr. Alberto Villafañe, con quien nos montamos en mi vehículo para poder llegar al Centro Médico. Este estaba lleno de pacientes, sin aire acondicionado y con solo 2 salas de operaciones. Había carpas del ejército afuera, con muchos pacientes adicionales. Pude hablar con varios médicos y residentes, y pasé visita por toda la sala de emergencias, incluyendo las carpas, y trasladé a varios pacientes. Tomé la información con fotos en mi teléfono y regresamos al hospital a preparar las bandejas para las cirugías. Al día siguiente esperamos a esos pacientes pero no llegaba ninguno. Gracias a WhatsApp me pude comunicar con los residentes que me informaron la falta de ambulancias para el transporte. Otra vez, usando WhatsApp, le pasé los nombres a nuestra administración y, así, enviamos ambulancias a recoger a los pacientes.

También, gracias a Facebook Messenger recibimos solicitudes de apoyo desde Humacao, Cayey, Bayamón y el hospital de la UPR en Carolina. Aceptamos a todos y los operamos, habiendo sobre todo muchos casos adicionales de fracturas de cadera. Durante las cirugías seguían llegando pacientes al hospital, por lo que se habilitó un área para poder verlos entre las cirugías. Así, pudimos quitar y poner muchos yesos y férulas. Ordenábamos las radiografías mientras se hacían las cirugías y al terminar ya estaban listas. Muchos pacientes más se pudieron operar de esta manera. Esa primera semana operamos a más de 20 pacientes, yendo todos los días a sala de operaciones; el fin de semana seguían llegando fracturas de muchos lugares diferentes.

El domingo regresé a centro Médico y solo tuve que trasladar a un paciente con fractura de cadera, ya que había llegado la luz y ya estaban operando. Con tantas cirugías llegó un punto en que las baterías de los taladros se me agotaban muy rápido y no lograba comunicación con el proveedor local de taladros por lo que publiqué en Facebook este problema y, para mi sorpresa, el proveedor de USA (Stryker) donó 3 taladros nuevos completos que entregaron directamente al hospital. En la primera semana de octubre los pacientes seguían llegando por sala de emergencias. Yo aún no tenía teléfono en mi hogar, por lo que al llegar al hospital pasaba por sala de emergencias y ya tenía los pacientes admitidos por el internista de turno.

Al subir a sala de operaciones las preparábamos, ya que contábamos con todos los equipos en el hospital. Continuamos operando y viendo pacientes; esa semana ya solo operé 4 días. Me tocó operar una fractura de una turista que por casualidad conocí en una fila muy larga en la puerta de una farmacia, que llamaba la atención por tener un yeso gigantesco. Me comentó lo que le ocurrió y la operamos al día siguiente. En la oficina aún no teníamos luz, por lo que tuve que ver a los pacientes, uno a uno, prácticamente en el estacionamiento pues no tenemos ventanas. Pasó el segundo fin de semana y la oficina se volvió a llenar, la luz regresó, pero en forma muy esporádica. Increíblemente, aún llegaban para operarse pacientes que se habían caído el día del huracán, tocándonos ver casos de caderas fracturadas por más de 14 días. En la tercera semana luego del huracán me tocó operar todos los días, inclusive casos electivos. En la semana del 16 al 20 de octubre se cumplieron 4 semanas de haber pasado el huracán.

El lunes operé una paciente con una cadera fracturada desde el 30 de septiembre; en el centro donde obtuvo primeros auxilios la enviaron a su casa con medicinas para el dolor y llegó a mí por un mensaje de Facebook. Ya para esta semana la planta eléctrica del edificio de la oficina comenzó a fallar y volvimos a estar sin luz, operando temprano en la mañana y pasando a la oficina desde las 10 de la mañana. Quitamos yesos en el estacionamiento de la oficina, conectando la máquina de cortar yesos a un inverter conectado a su vez a una camioneta. Esta fue una gran idea de mi socio el Dr. José Roberto Fumero. Ayer tuvimos luz, hoy solo medio día, mejor que el resto de la isla…

Operamos pacientes de todos los planes médicos, incluyendo algunos que no tienen contrato con nosotros. Hicimos casos complicados y sencillos. Recibimos transferencias de muchos colegas y continuamos con la odisea de vivir y trabajar en estas circunstancias. Solo queda agradecer a toda la facultad médica del hospital por su apoyo y a la administración, en especial al Lcdo. Marcos Águila por “mantener el barco a flote” dando todo el respaldo del mundo. Dentro de esta crisis muy inusual –que esperamos no ocurra una igual nunca más o en este siglo, por lo menos– ha sido muy importante tener al hospital preparado para poder servir al 100%.