Entrevista

Entrevista a Caleb González, MD:

“Iniciar nuestra Escuela de Medicina fue un esfuerzo de titanes”.

Como graduado de la primera clase de la Escuela de Medicina de la Universidad de Puerto Rico, el Dr. Caleb González –reconocido oftalmólogo y hoy profesor emérito de la Universidad de Yale– fue testigo de una historia de tenacidad y persistencia sobre todo de dos personas, don Jaime Benítez, por su visión y liderazgo, y el Dr. Harold W. Brown por su capacidad ejecutiva y de trabajo. Él nos resume algunas experiencias singulares que le tocó vivir y aspectos de sus libros, en los que documenta mucho del trasfondo de esa gesta extraordinaria de hace más de 60 años.

¿Por qué decidió escribir los libros?

Todo empezó con una conferencia que preparé el 2004 para la celebración de los 50 años de nuestra Escuela de Medicina. Noté que en la audiencia no sabían de las contribuciones del Rector Jaime Benítez y del Dr. Harold W. Brown a la creación de la Escuela. Luego, la imprimí como folleto y en 2010 la convertí en mi primer libro Mi Escuela de Medicina.

¿La Escuela de Medicina generó pugnas?

En San Juan estaba la Escuela de Medicina Tropical con una afiliación a la Universidad de Columbia. Se le consideraba una joya para la investigación. La Universidad de Puerto Rico cubría la mayor parte del presupuesto pero Columbia, que solo ponía el sueldo de 2 o 3 maestros, estaba a cargo de la dirección.

El Rector de la UPR, Don Jaime Benítez consiguió los fondos para crear una Escuela de Medicina. Allí empezaron las pugnas; la primera fue por la ubicación y tomó más de 5 años. Benítez quería que fuera en Río Piedras, pero había oposición del Alcalde de Ponce que ya había logrado la aprobación de la Legislatura. Al final, el Gobernador Tugwell puso un veto y dijo que la Escuela de Medicina no debía depender de presiones políticas ni partidistas.

El reporte del Dr. Oscar Costa Mandry

Cuando Benítez decidió hacer la Escuela de Medicina contactó al Dr. Oscar Costa Mandry. Él era brillante; tenía un origen muy humilde y estudió becado en Maryland, de donde se graduó con el primer puesto.

Costa Mandry viajó a los Estados Unidos y en tres meses visitó 10 Escuelas de Medicina, 14 decanos y 105 personas. Hizo un reporte precioso de cómo establecer una escuela de medicina acreditada. Es un plan maestro genial y aplicable hoy a cualquier parte del mundo. Está en mi tercer libro, en inglés.

Liderazgo de Don Jaime Benítez

Benítez quería que la Escuela de Medicina fuera para todos y sólo de acuerdo a las calificaciones. En muchas escuelas de los Estados Unidos aún no admitían estudiantes de color o mujeres. Él era una persona muy hábil, ¡era brillante! Resolvía los problemas de la UPR y de la Escuela de Medicina al mismo tiempo, teniendo a medio mundo en contra: a la Escuela de Medicina Tropical, a la Asociación Médica y a muchas personalidades. Los maestros más prominentes de la Escuela de Medicina Tropical se rehusaron a apoyarlo, entre ellos el Dr. Ramón Suárez. Pero Benítez buscó el apoyo público y daba conferencias de prensa semanales.

La Universidad de Columbia y el Dr. Brown

Felizmente Benítez tenía muchos amigos en los Estados Unidos. El Decano de la Escuela de Medicina de Columbia le “prestó” al Dr. Harold W. Brown, quien había sido miembro del Board de la Escuela de Medicina Tropical. En tres meses Brown organizó y completó muchos detalles para empezar. Vino con un contrato por 4 meses y se quedó 4 años.

El Dr. Brown gestionó la venida como Decano del Dr. Martin de la Universidad de Duke. Pero, Martin no congenió con Benítez, dejó de actuar y renunció días antes de llegar la Comisión de Acreditación. Brown, quien ya venía haciendo su trabajo, quedó como Decano Interino y así se logró la acreditación. Como Brown, que estaba destacado por Columbia en Puerto Rico, no cumplía el requisito formal para residir acá, nombraron al Dr. Hillman como Decano. Pero Benítez no dejó que Brown se fuera pues hacía un trabajo increíble y era el motor del proyecto.

¿Benítez siguió en pugna con la legislatura?

Benítez había logrado traer a gente muy importante de los Estados Unidos y tenía ciertos problemas con el presupuesto. La legislatura le puso objeciones aduciendo que era muy costoso tener una Escuela de Medicina tipo americana. Un legislador, que también era médico, objetó la forma de enseñanza. Benítez lo retó a que evaluara a los estudiantes haciéndole preguntas a uno de ellos. Así, fueron al laboratorio de anatomía. El legislador escogió a un estudiante flaco y pálido, que era este servidor. Para alivio y felicidad de Benítez, pude contestar bien las preguntas y no hubo más problemas con el presupuesto. Benítez tuvo luego la generosidad de catalogarme como “el primer héroe de la Escuela de Medicina de la UPR”.

¿Cómo fue miembro de la primera clase?

En los libros incluyo algunos cuentos y experiencias personales de esa época. Al terminar mi bachillerato, la Universidad de Temple me aceptó, pero me enteré de que iban a hacer una Escuela de Medicina en Puerto Rico. Me entrevistaron, me aceptaron y decidí quedarme. El Dr. Brown y el Rector Benítez me ayudaron a obtener una beca. Así, logré graduarme con la tercera nota más alta y con reconocimientos.

¿Qué ocurrió cuando se graduó?

Cuando terminé quería hacer una residencia en cirugía y me aceptaron en Minnesota, por ayuda del Dr. Raffucci. Durante mi internado en Michigan fui reclutado por la marina de los Estados Unidos. Al acabar el internado, la marina me envió a la base de Pensacola a estudiar para cirujano de vuelos. Unas semanas antes de salir a Europa, en una fiesta de la iglesia conocí a Flora, con quien me casé 3 meses más tarde. Serví por 4 años. En la marina, el maestro que me enseñó oftalmología me impresionó tanto que cambié mis planes. Así, en los siguientes 5 años hice en New York una residencia en oftalmología y un fellowship en oftalmología pediátrica.

¿Luego, volvió a Puerto Rico?

Al terminar mis entrenamientos ya llevaba 10 años fuera de Puerto Rico y me tocaba regresar para pagar mi beca, trabajando y enseñando en la Escuela de Medicina. Iniciamos las primeras clínicas de oftalmología pediátrica en Centro Médico, el Hospital Municipal y el Hospital Pediátrico, y pude dedicar parte del tiempo a mi oficina privada. Logré hacer investigación y diseñar nuevas técnicas quirúrgicas que obtuvieron reconocimiento nacional. Después de 12 años en Puerto Rico, la Escuela de Medicina de Yale me reclutó para su primera Sección de Oftalmología Pediátrica; la cual dirigí por 30 años. Durante ese tiempo escribí un libro de texto, hice publicaciones y presentaciones científicas y fui invitado a enseñar en la mayoría de países en Centro y Sur América, además de algunos en Europa.

¿Continuó su relación con Puerto Rico?

En lo que ha estado a mi alcance he tratado de apoyar a los médicos jóvenes, más aún si eran de Puerto Rico. Siempre les he insistido en la importancia de trabajar y ser persistentes para lograr la perfección y sus metas y aspiraciones. Todos los años venía unos días a dar clases y pude apoyar en su entrenamiento a muchos oftalmólogos pediátricos de Puerto Rico. Me honraron en invitarme a dar conferencias magistrales.

Finalmente, ¿fue difícil obtener datos e información para los libros?

Fue una tarea de investigación que demandó tiempo y búsquedas en archivos, sobre todo periodísticos. Pero siento que es importante que muchas cosas queden documentadas ya que fue un privilegio haber estado en esa primera clase de nuestra Escuela de Medicina.

Debo enfatizar que sin la excelente obra del Rector Jaime Benítez y del Dr. Harold W. Brown no habría hoy un acreditado Centro Médico y la Escuela de Medicina de la UPR. En una forma u otra tenemos que darles a ellos reconocimientos grandes y visibles ya que ellos hicieron mucho por Puerto Rico.