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El teatro anatómico

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Félix J. Fojo, MD
felixfojo@gmail.com ffojo@homeorthopedics.com

Las primeras disecciones realmente científicas (anatómicas) de cuerpos de animales y seres humanos recogidas por la historia fueron llevadas a cabo por los grandes médicos griegos en los cuatrocientos años finales del liderazgo intelectual de la Hélade y los primeros doscientos años de la dominación romana. El más famoso de estos anatomistas fue Herófilo (325- 255 a. C.), nacido en lo que hoy es territorio turco, pero hubo muchos otros. Después la ciencia anatómica cayó en un largo periodo de oscuridad intelectual que terminó en Bolonia en el siglo XIV. Todo indica que el regreso a la disección científica de cadáveres vino de la mano de Mondino de Luzzi (1270-1326) en Bolonia, en 1302. Luego, poco a poco se fueron uniendo al progreso las universidades de Montpellier, Padua, Perugia, Praga, Venecia, Florencia y Lérida, hasta arribar, ya en el siglo XVI, a la eclosión del precoz Andrea Vesalio (1514-1564).

¿Dónde se realizaban estas disecciones anatómicas? Al principio se efectuaban colocando el cadáver sobre tablas soportadas por caballetes de madera y, en algunos casos excepcionales, sobre mesas de mármol. Resulta obvio que la visión de los asistentes a la lección anatómica resultaba casi nula.

Esta situación persistió hasta 1497, año en que el anatomista de Padua Alejandro Benedictus sugirió, inspirándose en un antiguo anfiteatro romano ubicado en Verona, que el teatro para disecciones debía tener:

  1. Un auditorio lo suficientemente grande y alto para albergar a un alto número de observadores;
  2. Una mesa de disección adecuada y dotada de una buena iluminación natural;
  3. La mejor visibilidad posible para los asistentes;
  4. Una ventilación idónea;
  5. Por lo menos dos guardias para evitar que penetren al recinto personas indeseables; y
  6. Una persona que colecte el pago de admisión.

En las dos primeras décadas del siglo XVI proliferaron en Europa los teatros anatómicos ya con algunas características propuestas por Benedictus, pero fabricados de madera y desmontables. A estos teatros se les llamó “temporarium”, o sea, temporales, porque se llevaban de una ciudad a otra.

Hubo que esperar hasta finales del siglo XVI para que los teatros anatómicos se hicieran permanentes, paso que dieron primero las universidades de Padua y Bolonia. El anfiteatro permanente de Padua comenzó a funcionar en 1594 y fue diseñado por Fabricio de Acquapendente (1537-1617), el de Bolonia, con arquitectura de piedra de cantería mucho más clásica y lujosa no abrió sus puertas hasta 1649. Le seguirían Groningen, Kopenhagen, Upsala, Amsterdam, Altdorf, Halle y Berlín, unos 70 años después.

El primer teatro anatómico con capacidad quirúrgica (sí, se hacían disecciones de cadáveres y se operaba a pacientes en el mismo sitio) fue el de la Academia de Cirugía de París, en 1694. A mediados y finales del siglo XVIII los teatros anatómicos se extendieron fuera de Europa a Boston y Filadelfia.

Los que estudiamos anatomía práctica en centros universitarios equipados con iluminación eléctrica, medios audiovisuales y mesas de acero inoxidable con dispositivos sanitarios no podemos menos que asombrarnos frente a los rudimentarios y primitivos teatros anatómicos, pero de ahí salieron los anatomistas más brillantes de la historia de la medicina.