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El síndrome de la amargura

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Dr. J.R. Román
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Muchos de nosotros hemos compartido con una persona amargada. La amargura es una forma de depresión donde la persona se enfoca negativamente en el mundo exterior, pensando que ha sido tratada injustamente. Según el diccionario, la palabra amargura significa: aflicción, sinsabor, disgusto, pesadumbre, melancolía. Muchas veces la amargura es el resultado de un resentimiento. Se vive una ofensa, al no perdonar la ofensa se convierte en ira o en dolor, y esto se convierte en odio. Este odio se convierte en amargura, que es la aflicción del alma. Nadie puede ser feliz o tener paz si su corazón está lleno de amargura.

Podemos identificar los síntomas de las personas amargadas porque siempre están criticando, se están quejando, se sienten enojados, son volátiles, ofensivos, su autoestima está baja y les gusta hacer sentir mal a los demás. La amargura puede transformar el carácter de una persona, y su comportamiento reflejará negativismo, dureza, severidad, rencor y odio. ¿Conoce usted gente así?

La amargura se refleja en la persona que carga sobre sus hombros estas características dañinas y es una amenaza no solo para su desarrollo emocional sino para todos aquellos que la rodean, ya que otra persona puede ser contaminada por la persona amargada. Cuando una ofensa, una traición o una desilusión llenan el corazón de una persona, pueden afectar en forma negativa los sentimientos, pensamientos y acciones, transformándola en un ser infeliz, resentido y atormentado. Esta persona no se da cuenta de los daños que puede estar causando a los demás a través de sus palabras, acciones y actitudes. Esto la lleva a desconectarse de la gente y a no considerar los sentimientos de los demás.

Algunos de los síntomas de una persona amargada se pueden reflejar tanto en su área física como en la emocional o espiritual. Síntomas físicos pueden ser: presión arterial alta, desórdenes estomacales, problemas intestinales, insomnio, enfermedades cardiacas. Síntomas emocionales: inseguridad, ansiedad, preocupación, depresión, temor. Síntomas espirituales: pérdida de la visión de la vida, pérdida del propósito, pérdida de la fe. Recuerde que la amargura es la suma de heridas, rechazos, resentimientos, frustraciones, iras y dolor.

Recomendaciones para manejar la amargura: Determinar la causa principal de la amargura, perdonar y perdonarse, entregar a Dios los deseos de venganza, renunciar a los derechos de seguir aferrándose a las heridas pasadas, hablar del enojo con Dios y con un consejero, considerar los intereses de otros, hablar y actuar con humildad. Se debe tener presente que la amargura procede del modo de pensar e interpretar las situaciones. Por tanto, se deben observar los pensamientos y detectar cuándo están fomentando amargura. Luego se les debe modificar por pensamientos positivos y constructivos.

Con este artículo queremos crear conciencia de que tenemos que sanarnos, educarnos, motivarnos e influenciar a otros para que mejoremos nuestra calidad de vida. Perdonando y buscando la oportunidad que nos trae un momento difícil en la vida, porque detrás de cada adversidad puede haber una gran bendición.