Carta del Editor

El privilegio de servir y la humildad

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Marco Villanueva-Meyer, MD
mvm@revistagalenus.com

En la mayoría de actividades están de por medio las relaciones entre las personas. Esto ocurre en cualquier sociedad y en cualquier oficio o profesión. Es también la base del acto médico y se ve reflejado en el pedido de ayuda y en la confianza que se deposita en el médico. Esto último es, a su vez, un privilegio que genera el compromiso de hacer lo mejor posible por quien busca apoyo.

Recuerdo cuando era estudiante e iba al hospital en el tren subterráneo lleno de gente. Entre tantas personas solía encontrarme con algunos compañeros; varios iban leyendo y otros observaban o conversaban. Pero había uno en especial que siempre llamaba la atención: iba ya con su mandil blanco y el estetoscopio colgado al cuello como si fuera a atender a los pasajeros y hablaba en voz alta empleando términos médicos que él mismo aún no entendía. Quería que todos supieran que era un –casi– doctor y aún no conocía la importancia de la humildad. Hoy podríamos poner como contraparte al líder espiritual de millones de personas, representado por el Papa, que en su quehacer y en sus actos destaca con humildad y sencillez lo que realmente tiene valor, enfatiza con humildad el privilegio de servir y, más aún, pide apoyo para poder hacerlo bien.

Es bueno que cada uno valore y aprecie su trabajo, su oficio o su profesión, sean cuales fueren, ya que es un tesoro en el pasar del tiempo. En ese sentido, en el acto médico prima el privilegio de poder servir y ayudar a otras personas, no como valor agregado sino como esencia del mismo; es algo que compromete y también obliga a ser mejores cada día, más aún si se sirve humildemente.

En este número de Galenus hay una serie de artículos donde se destacan el acto médico y el quehacer en varios campos de la medicina y la vida, así como opiniones importantes sobre temas actuales y de la historia–siempre vigentes–, todos preparados con la intención de compartir para progresar.

¡Saludos, amigos!