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El parto por cesárea y Julio César

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Lucas Montojo
Licenciado en Historia Universidad Complutense de Madrid lucasmontojo@gmail.com

En algunas publicaciones científicas, muchas de ellas redactadas por eminentes doctores en medicina, se asevera que la palabra cesárea proviene del nacimiento de Julio César, asegurando que vino al mundo mediante esta intervención. Otros autores, entre los que se cuentan historiadores, añaden que fue el emperador la primera persona en la historia que nació mediante cesárea. Ambas afirmaciones, como voy a exponer a continuación, son absurdas.

Desconocemos si el nacimiento de Julio César, allá por el año 101 a. C., fue o no complicado, pero podemos asegurar que de ninguna manera a su madre se le practicó la cesárea –que por aquel entonces se llamaba secto cesarea–, por la sencilla razón de que ella falleció contando con más de 60 años de edad. Se sabe que en aquellos tiempos la rudimentaria cirugía que se practicaba hacía que las madres sometidas a una cesárea fallecieran. Por eso, recién en el año 1888 encontramos el primer caso documentado en el que la madre vivió tras dar a luz por este procedimiento ginecológico.

La cesárea es una intervención tan antigua como la Lex Caesarea, de Numa Pompilio, que gobernó del 715 al 653 a. C. Esta ordenaba que a toda mujer que falleciera en la fase final de su embarazo o durante el parto se le extrajese el vástago por un corte (caesura) abdominal, a fin de que el niño tuviera oportunidad de vivir.

La coincidencia entre el nombre familiar de la dinastía Julio-Claudia–Caesar– y el nombre de la intervención se debe, probablemente, a que algún antepasado de Julio César vino al mundo mediante este procedimiento ginecológico. Esto adquiere sentido si se conoce que esta manera de nacer era vista por los romanos como augurio de buena suerte y, por tanto, resulta lógico que la palabra se utilizara orgullosamente como timbre de honor para toda una dinastía. Tanto es así que, doscientos años más tarde, Diocleciano “resucitó” el nombre familiar de la dinastía Julio-Claudia para utilizarlo como título de los subemperadores de Oriente y Occidente. La palabra César dejó entonces de referir tanto a una forma extraordinaria de venir al mundo como a una dinastía, y pasó a ser sinónimo de emperador, como puede comprobarse en su derivación eslava Csar o Zar.

Una vez aclarado que Aurelia –la madre de Julio César – no trajo al mundo al emperador mediante cesárea y, mucho menos, que fuera este alumbramiento el primero de la historia realizado de esta manera, resulta imposible no hacer una reflexión final. Puede ser triste, cuanto menos, que allá por el año 600 a. C. la vida de un bebé aún no nacido tuviera una importancia tan grande –como se refleja en la Lex Caesarea de Pompilio– y que en nuestros días esto muchas veces no se valore así.