Historia de la Medicina

El Dr. Luis Díaz Bonnet y el Hospital Municipal de San Juan

El Dr. Luis Díaz Bonnet fue uno de nuestros más destacados cirujanos y de los mejores administradores que tuvimos en el sistema de salud de Puerto Rico. Se entrenó y preparó en los principales centros de los Estados Unidos y regresó para servir en Puerto Rico, como médico, cirujano y primer cirujano pediátrico. Además, destacó como un excelente maestro para los estudiantes y nuevos médicos. Su labor administrativa fue tan o más importante, ya que él fue uno de los artífices de los servicios de salud de la ciudad de San Juan y del Hospital Municipal.

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Norman Maldonado, MD
Hematólogo-Oncólogo
Ex Presidente de la Universidad de Puerto Rico

Inicios y estudios en los Estados Unidos

Luis Díaz Bonnet nació en Yabucoa y estudió en las escuelas públicas de Puerto Rico. Luego fue a Saint Mary’s College en Emmitsburg, Maryland, donde obtuvo un bachillerato en Ciencias en 1940. Después, ingresó a la Escuela de Medicina de Georgetown donde formó parte del programa militar, y se graduó en 1943. Hizo un internado en el Providence Hospital en Washington. Al completar el internado, fue incorporado al ejército, donde se desempeñó como cirujano aéreo hasta el año 1946.

Retorno a Puerto Rico y especialización

Como lo hacían la mayoría de puertorriqueños en aquella época, él regresó a nuestra isla, e inició una residencia en Patología en la Escuela de Medicina Tropical con el Dr. Enrique Koppish. Años después, en 1957, fue admitido a hacer una residencia en Cirugía con el Dr. José Noya Benítez en el Hospital Municipal de San Juan, que en esa época estaba donde se encuentra hoy el Museo de Arte. Al finalizar su entrenamiento, se incorporó a la facultad médica del Hospital Municipal.

En 1951 viajó a la Universidad de Minnesota a hacer un entrenamiento especializado en Cirugía, motivado probablemente por el Dr. Francisco Raffucci, quien se había entrenado allí. Al completar su entrenamiento, fue admitido al Programa de Cirugía Pediátrica de la Universidad de Ohio. Así, él fue –hasta donde tengo conocimiento– nuestro primer cirujano pediátrico con un entrenamiento formal. A su regreso a Puerto Rico, se incorporó a la facultad de la nueva Escuela de Medicina de la Universidad de Puerto Rico, como profesor asistente de Cirugía. Fue uno de nuestros profesores más destacados durante las rotaciones clínicas que realizamos al Hospital Municipal.

Familia de médicos

En la familia inmediata del Dr. Luis Díaz Bonnet hay varios médicos: El Dr. Rafael Díaz Bonnet, que también estudió en Georgetown, donde se graduó en 1946. Hizo su internado en el Hospital Gallinger de Washington, hospital que luego se llamaría DC General Hospital y donde yo hice mi internado. Él también regresó a la Escuela de Medicina Tropical para hacer una residencia en Medicina. Luego, en 1950, volvió a Georgetown para especializarse en Radiología. A su retorno a Puerto Rico, se incorporó a la facultad de la Escuela de Medicina y fue el Jefe del Departamento de Radiología por varios años.

El Dr. Víctor Díaz Bonnet era el hermano menor. Él se entrenó con el Dr. Guillermo Pico en Oftalmología y fue un pilar del Departamento de Oftalmología por mucho tiempo. Otro hermano, José A. Díaz Bonnet es un destacado veterinario. Dos de sus hermanas se casaron con importantes médicos, Cecilia con el Dr. Enrique Pérez Santiago y María Herminia con el Dr. Óscar Costa Mandry. Además, había otras cuatro hermanas, Margot, Carmen, Sylvia e Ivelisse, ya que en total eran diez hermanos.

Nuestra relación y el trabajo conjunto

En Hematología, el Dr. Luis Díaz Bonnet era uno de nuestros principales consultores, ya que no solo era cirujano pediátrico, sino que también era muy cuidadoso y exitoso en practicar esplenectomías a los pacientes que requerían esa cirugía. Él lo podía hacer más rápido y mejor que nadie.

En 1973, me visitó en el Laboratorio de Hematología de la Universidad de Puerto Rico. Él había sido el Director Médico del hospital y lo acababan de designar Director Médico de los Servicios de Salud de la ciudad de San Juan. Estaba buscando un director médico para el Hospital Municipal en el Centro Médico y me ofreció ese cargo. Me tomó por sorpresa; le ofrecí pensarlo. Para mí, ese sería un gran cambio en mi carrera, pasaría de lo académico y de la investigación a lo administrativo.

Después de considerarlo cuidadosamente, busqué al Dr. Díaz, llevando una lista de requerimientos que consideraba necesarios para aceptar su ofrecimiento. Casi de inmediato, él organizó una reunión con el entonces Alcalde, Carlos Romero Barceló, y ambos estuvieron de acuerdo con mis sugerencias.

En el Hospital Municipal

Acepté el pedido del Dr. Díaz Bonnet y en julio de 1973 empecé como Director Médico del Hospital Municipal de San Juan. Este Hospital había sido el primer hospital docente de nuestra Escuela de Medicina, pero se había distanciado de la docencia al mudarse al Centro Médico de Rio Piedras en 1960.

Uno de los primeros objetivos debía ser retomar la afiliación a la Escuela de Medicina. Recuerdo haber empleado cerca de tres meses para planear lo que haría en el hospital y, cuando llegué, esperaba ser bienvenido. Pero, cuál sería mi sorpresa al percibir un marcado resentimiento por haber sido designado Director, siendo miembro de la Escuela de Medicina. Aún no habían curado las heridas por la separación de 1960. Ese fue mi mayor reto; y el Dr. Luis Díaz Bonnet siempre me apoyó y estuvo disponible.

En aquel tiempo, la política era un tema importante, tal como lo es hoy. El gobierno central estaba con un partido y la ciudad de San Juan con el otro. Allí, con el Dr. Díaz Bonnet y el Alcalde Romero Barceló, tuve grandes lecciones sobre colaboración. El Dr. José Álvarez de Choudens era el Secretario de Salud. Él y el Dr. Álvarez tenían varios conflictos sobre el Centro Médico, en especial con la Sala de Emergencias, que era manejada por el Municipio de San Juan. Recuerdo las muchas veces que visitamos al Secretario; él siempre fue un caballero. Las conversaciones discurrían algo así como: “Mire Papo, nosotros necesitamos hacer esto o aquello”, decía el Dr. Díaz; a lo que el Dr. Álvarez podía responder: “Escucha Cabo, vamos a ver cómo lo hacemos”. ¡Eso era pura diplomacia, y a su mejor nivel!

El Hospital Municipal de San Juan siempre fue una gran institución. Así, retomó el compromiso de entrenar a los internos y residentes que había asumido mucho antes, cuando cerró el Hospital Universitario de la Escuela de Medicina Tropical. En aquel entonces, el Dr. Juan A. Pons, quien fuera su Director Médico, había iniciado las acreditaciones de los programas de Educación Médica Graduada y luego, para 1950, como Secretario de Salud fue muy colaborador. En esa época, cientos de graduados extranjeros venían a San Juan a hacer su internado y residencia y, luego, nuestros propios graduados se entrenaban allí. Con el liderazgo de su facultad médica, el Hospital Municipal se había vuelto la Meca de la Medicina en Puerto Rico en la década de 1950, lo que volvió a ocurrir en la de 1970.

Debo reconocer el crédito al Dr. Luis Díaz Bonnet, quien me dio la oportunidad de comprometerme en el trabajo administrativo. De eso no me arrepiento, y reconozco que él me enseñó con su ejemplo. Él fue uno de los pilares de nuestro sistema de salud por muchos años.

Comentario sobre la situación actual

Hoy en día, el Hospital Municipal de San Juan lucha por volver a ser la gran institución que siempre fue. Espero que esta columna sirva de inspiración a los nuevos líderes de esta gran institución.