Temas de interés

Temas de interés / Arte

Diego de Silva Velázquez

(1599-1660): Maestro español del Barroco

JPEG - 5.5 KB
Jesús María del Rincón
Artista, Pintor y Retratista bicubicart@gmail.com

Sentado a la sombra de un frondoso árbol, me encontraba observando la forma caprichosa de las nubes, cuando me pareció ver en una de ellas la silueta de la Infanta Margarita, la de Las meninas del pintor Diego Velázquez. Casi al instante sentí una presencia a mi diestra, la del propio Velázquez, quien me habló de esta manera: “No, no está soñando; está viendo la proyección mental de una de Las Meninas, mi mejor pintura”.

Del Rincón: Maestro, su genialidad es incomparable.
Diego Velázquez: Me adula usted.

Del Rincón: Ni un ápice. Conozco bien su obra y me gustaría preguntarle dónde y con quién se formó.
Diego Velázquez: Nací en Sevilla en 1599. A los 12 años entré al taller de Francisco de Herrera el Viejo, de muy mal carácter por cierto; más tarde, me formé con Francisco Pacheco, quien llegó a ser mi suegro.

Del Rincón: Bodegones, retratos, escenas religiosas, históricas… ¿Qué no pintó usted?
Diego Velázquez: El aire del Barroco permeaba las artes y mi obsesión era conquistar la realidad para plasmarla en mis lienzos, captando las calidades de los objetos, brillos y texturas. El aguador de Sevilla o Vieja friendo huevos son prueba de ello. De resultas fui nombrado pintor de cámara del rey Felipe IV.

Del Rincón: Hábleme de su primer viaje a Italia.
Diego Velázquez: Había conocido a Rubens en Madrid, el cual me sugirió incorporar el humanismo y la mitología a mi pintura, animándome a viajar a Italia, cosa que hice en 1623.

Del Rincón: Además de reyes, pintó a bufones y gente común ¿Por qué?
Diego Velázquez: De los italianos aprendí a apreciar la belleza intrínseca de lo vulgar y así descubrí la singularidad de personajes con características físicas anormales, como Pablillos de Valladolid, el Niño de Vallecas, Calabacillas y el Primo, todos ellos seres únicos y graciosos que merecían ser inmortalizados.

Del Rincón: En su época de madurez se nota gran soltura y el predominio del color sobre la línea.
Diego Velázquez: Sí, la práctica hizo que mi pincel lograra gran ligereza. Disfrutaba enormemente pintando alla prima, directamente y sin bocetos.

Del Rincón: ¿Por qué fue a Italia una segunda vez?
Diego Velázquez: Para retratar al Papa Inocencio X, a insistencia del rey Felipe IV. También pinté allí La Venus del espejo, uno de los pocos desnudos de la pintura española. En Génova conocí al genial Ribera, y a mi regreso realicé dos de mis mejores obras, El triunfo de Baco, que el vulgo tituló Los borrachos, y La fragua de Vulcano.

Del Rincón: Su obra maestra es, Las Meninas. Algunos la consideran la Teología de la pintura.
Diego Velázquez: Podría hablarle un día entero de ella, pero será en otra ocasión.

Aquellas nubes antropomórficas evolucionaron y se tornaron amenazantes. De súbito comenzó a llover a mares, así que salí corriendo para guarecerme del meteoro, mas cuando miré hacia atrás mi contertulio había desaparecido. Juegos de la mente, tal vez.