Torre de marfil

La trágica vida de la familia Cocozza

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Félix Fojo, MD
Ex Profesor de la Cátedra de Cirugía
de la Universidad de La Habana
ffojo@homeorthopedics.com
felixfojo@gmail.com

El nombre Alfredo Arnoldo Cocozza no nos dice mucho, pero si nos referimos a Mario Lanza, su nombre artístico, entonces recordamos de inmediato al hombre que llevó exitosamente la gran ópera al cine, en Hollywood y Europa. Fue el primer tenor de primera categoría en ser aclamado como cantante verdaderamente popular, pop diríamos hoy. Y eso quedó demostrado al vender Lanza más de dos millones de copias de su primer disco “Be My Love”.

Mario Lanza nació en Filadelfia en 1921. Hijo de dos inmigrantes italianos que formaron una familia apegada a las viejas tradiciones italianas, sufrió al ver cómo su padre, Antonio Cocozza, un soldado condecorado en la Primera Guerra Mundial, le prohibió a su madre, María Lanza, desarrollar sus dotes artísticas a pesar de poseer una bella voz de soprano y una gran presencia escénica. Un trauma que ella y el joven Alfredo nunca pudieron superar.

En 1937, cuando tenía 16 años, el afamado director Sergei Koussevitzky descubrió la calidad vocal de Alfredo Arnoldo Cocozza. Esto le abrió las puertas del estudio y de la actuación profesional. Adoptó entonces, como una forma de desagravio y de hacerla triunfar a través de él, el nombre de su madre: Mario (por María) Lanza. El éxito a lo grande y verdaderamente fulgurante de Mario Lanza llegó en 1951 con la película The Great Caruso en la que interpretó al magnífico tenor italiano muerto en 1921, el mismo año en el que nació Lanza. La cinta ganó 19 millones de dólares en el primer año, algo excepcional para esa época. De aquí en adelante su carrera fue una apoteosis de logros cinematográficos, teatrales y disqueros.

Pero el éxito duraría poco. La tendencia a ganar peso –su compulsiva hiperfagia y sus posteriores dietas eran antológicas–, las inseguridades personales, el mal manejo de su economía y una marcada tendencia a la depresión, lo arrastraron al alcoholismo. Esto y el rechazo de los productores a contratarlo debido a su corpulencia (se ha discutido si disminuyó su calidad vocal) comenzaron a minar su salud y su carrera.

La caída definitiva comenzó en 1955 durante la filmación de Serenade, en la que Lanza compartía cartelera con Sara Montiel y Joan Fontaine. Se le requirió que bajara de peso y se le amenazó con buscar otro actor. El papel en la producción El príncipe estudiante, para la que ya había grabado la banda sonora (se sigue vendiendo hoy) le fue retirado. Lanza, herido y deprimido, se fue a Europa y trató de abandonar el cine para dedicarse solamente a los escenarios operísticos. Pero no lo logró.

Desde 1954 comenzó a padecer de diabetes mellitus tipo II, hipertensión arterial severa, daño hepático y flebitis. Es probable que sufriera de trastornos tiroideos debido a repetidas dietas “científicas” con hormonas. En abril de 1959, pesando unas 270 libras, sufrió un infarto del miocardio. Seis meses después padeció otro aún mayor y probablemente un tercero acompañado de arritmias severas. Fue ingresado en una clínica de Roma, y sufrió una neumonía bilateral y un episodio tromboembólico pulmonar que lo mató en octubre de ese mismo año. Tenía solo 38 años.

Su viuda, Betty Cocozza, regresó a Holywood con sus 4 hijos y seis meses después se suicidó con barbitúricos. Marc Cocozza, el más joven de los dos varones de la pareja, murió en 1993, con 37 años, de un ataque al corazón. Seis años más tarde murió atropellada Colleen, la hija mayor. El otro varón, Damon, murió de 55 años de un infarto al miocardio.

Luciano Pavarotti, Plácido Domingo, Leo Nucci y José Carreras, entre otros, han asegurado repetidamente que fue Mario Lanza quien les enseñó a amar la ópera. Él, sin duda, les abrió el camino.

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