Emergenciología Pediátrica:

“Un sueño hecho realidad”
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Milagros Martín de Pumarejo, MD, FAAP
Catedrática, Escuela de Medicina UPR

Sabía que quería estudiar Medicina como muchos de los que hoy son médicos pero, como nos ocurre a la mayoría, no estaba segura de lo que quería hacer después. Cuando estaba cerca de la decisión, los mentores que tuve en pediatría, la diversidad de diagnósticos, la gama de edades en el desarrollo y la sinceridad de los niños pequeños guiaron mi decisión de ser pediatra. Siempre pensé en la pediatría general, pero Dios y, luego, la Dra. Marta Valcárcel tuvieron otros planes. Casualmente, cuando empecé y me tocó sustituir a la Dra. Brenda Mirabal en la sala de emergencias, llegó de imprevisto la visita de Joint Commission. Cumplimos y salimos certificados. De ahí en adelante cambió mi trayectoria. Todos me empezaron a identificar como la que cubría la sala de emergencias. Fueron muchos años en que, con mis compañeros pediatras, buscamos dar un cuidado de excelencia a quienes requerían nuestro apoyo.

En la década de 1980 en los Estados Unidos se estaba formando el grupo de subespecialistas que entendían que el cuidado de los niños en la sala de emergencias ameritaba un adiestramiento especial y más intenso. La Asociación Americana de Pediatría y el Colegio de Medicina de Emergencia unieron esfuerzos y en 1992 se ofreció el primer board de Medicina de Emergencia Pediátrica. En los Estados Unidos había pocos fellowship de emergencias pediátricas, para cuya admisión se requería haber culminado una residencia en Pediatría o en Medicina de Emergencia. La Dra. Marta Valcárcel (QDP) me recomendó, con sabiduría, que tomara el examen por mi experiencia en la Sala de Emergencia del Hospital Pediátrico Universitario, un lugar especial donde se ve de todo. Así, en 1992 fui de los 239 médicos certificados.

Desde entonces no me he separado de ese lugar. Es un gran reto. La subespecialidad se desarrolló mucho, se abrieron múltiples programas de entrenamiento y después se despertaron el interés y la pasión por ella. Pasaron unas 2 décadas y nuestros residentes, médicos jóvenes decididos a competir, se fueron a adiestrar a los centros más prestigiosos. Sí, han regresado y seguirán regresando. Así, la Dra. Jahzel González, dinámica, inteligente, apasionada y comprometida con la educación y el servicio, aceptó el reto y desde 2019 es la Directora de la Sala de Emergencia del Hospital Pediátrico Universitario. Siguiendo sus pasos, otros han ido a centros académicos muy competitivos y luego decidieron volver a darles todo a nuestros niños en Puerto Rico. Son lo mejor de lo mejor y, entre ellos, puedo mencionar al Dr. Fernando Soto, a la Dra. Carmen Lebrón y a la Dra. Verónica Sepúlveda. Otros están próximos a volver, como la Dra. Liliana Morales que hizo su investigación principal estableciendo un protocolo de diagnóstico rápido de sepsis para que los niños reciban el tratamiento apropiado lo más pronto posible, mejorando su sobrevida. También pronto se unirán a este grupo el Dr. Eddie Rodríguez, la Dra. Sara Marrero, el Dr. Juan Carlos Zequeira y la Dra. Daniela Santiago, entre otros. Asimismo, hay algunos en formación o que se han subespecializado, pero que por diversas razones se han quedado trabajando en los Estados Unidos y que, para todos nosotros, son nuestro orgullo donde quiera que estén.

El futuro de la emergenciología pediátrica es brillante. Hoy debemos contar por lo menos con un emergenciólogo pediátrico en cada sala de emergencias. Sin embargo, existe aún un gran reto para nuestra población, para la comunidad médica en general y para los directivos y administradores de todo el sistema de salud en particular: debemos hacer todo lo posible para que estos jóvenes profesionales, preparados y comprometidos, tengan la oportunidad de trabajar en nuestras salas de emergencias para el beneficio de los niños de Puerto Rico, dándoles no solo la bienvenida, sino lo oportunidad de volcar sus conocimientos y deseos de servir a nuestros niños en las salas de emergencias de la isla.

Nuestros niños son el futuro y deben contar con un cuidado de excelencia, respaldado por la docencia, el servicio y la investigación, con la ayuda de Dios.

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