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Opinión invitado

La catástrofe en Haití y la ayuda coordinada

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Joxel García, MD, MBA
Presidente y Decano Ponce School of Medicine
Cargos previos: Comisionado de Salud de Connecticut, Director de la Organización Panamericana de Salud, Secretario Asistente de Salud de los Estados Unidos

Doscientos seis años después que Haití se convirtiese en la primera nación independiente del Caribe y Latinoamérica (1804), la primera república de población negra en el mundo, y de haber sido en el siglo XVIII uno de los territorios más prósperos del hemisferio occidental, se encuentra ahora sufriendo una de las catástrofes más significativas de la historia. El 12 de enero este país fue afectado por un terremoto de magnitud 7.0, con epicentro cerca de la capital Port Au Prince, que ha causado la pérdida de más de 200 000 vidas. Este desastre natural se suma a otras catástrofes en los últimos 15 años que incluyeron inundaciones, tormentas y deslizamientos, todas con pérdida de vidas y considerables daños a la infraestructura del país.

No pretendo ahora pasar juicio al historial político, económico y social del país más pobre de América, sino más bien presentar las realidades al momento de este desastre para ayudar a entender cómo colaborar mejor en esta situación. Revisemos algunos datos importantes: Haití cubre un área cercana al triple de Puerto Rico (27 000 km²) con unos 9 millones de habitantes. Datos del Banco Mundial indican que más del 75% de la población vive con menos de 2 dólares al día. Los lenguajes oficiales son francés y créole. El índice de alfabetización en personas mayores de 13 años es de un 43%. La prevalencia de HIV en la población adulta es de aproximadamente 2.2% y la expectativa de vida bordea los 60 años. Además, el país ha sido víctima de una deforestación masiva que llega a un 98%, lo que crea un riesgo de inundaciones peligrosas con tan solo dos pulgadas de lluvias.

En un escenario así de complejo, al que se suma una alta tasa de violencia y crimen, ayudar no es tan sencillo como se podría imaginar.

La logística en estos casos es muy importante: el primer paso es la seguridad, tanto del área afectada como de los rescatistas. Al inicio, la ayuda se basa en rescatar y preservar vidas. Es importante que los recursos humanos, servicios y productos que lleguen sean los necesarios y que sean aplicables al área o al sistema que los va a usar. La cadena de suplidores es vital para el éxito de la misión, debiendo tener un sistema de manejo para que medicinas, comidas y otros artículos necesarios lleguen del puerto de desembarque al hospital de campo, clínica o centro de ayuda. Las comunicaciones son vitales, no solo por las vías y medios que fueron afectados, sino también la comunicación verbal entre rescatistas, proveedores médicos, pacientes y población en general.

Todo esto puede sonar obvio y simple, pero después de vivir la experiencia de ser parte del sistema de respuestas de desastres a nivel nacional e internacional, he visto cómo muchas veces una ayuda desorganizada puede crear problemas en vez de ayudar. Es importante que la ayuda, cualquiera sea su origen y cantidad, se canalice a través de organizaciones internacionales que tengan sistemas operables en el país, que conozcan su geografía, cultura, tradiciones y a su gente.

Como médicos, conocemos la satisfacción profunda que se puede sentir al ayudar al necesitado. Y así como estamos entrenados para dar un tratamiento teniendo primero un buen diagnóstico, podemos entender lo importante que es, en una catástrofe, evaluar la situación y las necesidades antes de actuar, para que de esa manera nuestra ayuda sea más eficiente.