In Memoriam

El Dr. Raúl A. Marcial Rojas

(1925-2014): Eminente patólogo, profesor, académico, pionero y líder de Puerto Rico

El Dr. Raúl Marcial Rojas nació en Cayey. Su padre, Don Armando Marcial –un autodidacta que supo imprimir en él valores incalculables de devoción a la verdad y respeto al ser humano– trabajaba en la Central de Cayey; y su madre, Doña Ana Luisa Rojas, fue una dedicada maestra. Cursó sus estudios de primarios en Cayey y los secundaros en Caguas. Allí conoció a Alodia Seoane, quien después sería su esposa y compañera de vida. Cursó estudios de Medicina en la Universidad de Marquette, gracias al programa de becas del gobierno, y se graduó de médico en 1949. De regreso en la isla realizó el internado en el Hospital Municipal de San Juan y en esa época se casó con Alodia. En 1950 inició su residencia en Patología cuando el Dr. Enrique Koppisch dirigía ese programa. Al culminar su especialización fue al “Pondville Cancer State Hospital” en Massachusetts.

Al volver a Puerto Rico se unió al Departamento de Patología, donde llegó a ser catedrático. Sirvió en la Escuela de Medicina de la UPR de 1950 a 1976 y, a inicios de 1960, asumió la dirección del Departamento de Patología. Fue Jefe de Patología del Hospital Oncológico de 1953 a 1973. Creó el Instituto de Medicina Forense del cual, en 1960, fue designado Director. El Gobierno lo nombró Patólogo Forense del Estado y Director de la División de Patología del Centro Médico de Puerto Rico.

Su capacidad para llevar a cabo tareas variadas era encomiable y más destacado aún era su interés constante en seguir mejorando y adquiriendo nuevos conocimientos. En 1972 obtuvo una maestría en Salud Pública, en 1978 se recibió con honores de Juris Doctor y en 1980 obtuvo una maestría en Administración Pública.

Por su capacidad profesional, fue requerido como consultor por instituciones como el Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas, la Organización Mundial de la Salud y agencias estatales y federales.

Sus publicaciones abarcaron temas sobre neoplasias, especialmente óseas, infecciones microbianas incluyendo hongos y parásitos. Su erudición en este campo lo llevó a escribir el libro Pathology of Protozoal and Helminthic Disease with Clinical Correlations, que es un texto médico clásico. El libro de patología de Anderson incluyó, en todas sus ediciones desde 1970, un capítulo escrito por él sobre Protozoal and Helmenthic Diseases en todas las ediciones a partir de 1970, al igual que libro de Schiff Diseases of the Liver, donde disertó sobre las enfermedades parasitarias hepáticas.

Sus conocimientos también se reflejaron en escritos sobre la filosofía de la práctica médica, el respeto a la dignidad del paciente y la importancia de los principios educativos en la preservación de la salud. Además, realizó una carrera militar alcanzando el rango de Coronel del Ejército, siendo designado Director Asociado del Departamento de Patología del Hospital Walter Reed en caso de una movilización militar. Se graduó con el primer honor de su clase del Command and General Staff College, en Kansas.

Su capacidad de liderazgo también se manifestó en el deporte, en especial en la natación. Fue miembro del Comité Olímpico de Puerto Rico y presidió la Confederación Centroamericana y del Caribe de Natación.

Un gran reto en su vida se inició cuando requirieron su ayuda para el desarrollo de la nueva Universidad Central del Caribe, en su natal Cayey. Esta institución se benefició del bagaje intelectual, académico y ejecutivo del Dr. Raúl Marcial, quien de 1976 a 1986 fue Director del Departamento de Patología, Decano de Medicina de 1978 a 1995 y su Presidente de 1980 a 1996. En 1996 se le distinguió como Decano de Medicina Emérito. Como Presidente fortaleció a la UCC y la constituyó en una institución completamente acreditada. Esto último fue un reto inmenso lleno de obstáculos y dificultades burocráticas y legales que él supo vencer.

En Junio de 1990 se inauguró el nuevo edificio de la Universidad. En 1995 se retiró de la UCC. Él timoneó el desarrollo de la UCC en grandes momentos y encrucijadas de su historia y también inspiró como un gran humanista a cientos -o tal vez miles- de estudiantes a ser mejores personas dedicadas a aportar al bienestar de la salud del pueblo.

En educación médica graduada el Dr. Marcial Rojas adiestró a patólogos de tres continentes y del Caribe. Como buen Quijote él desarrolló con tenacidad y persistencia un sueño, que se concretó con la implementación de la Ley 136, de los Centros Médicos Académicos Regionales, para la educación médica graduada en Puerto Rico. Hasta sus últimos años siguió batallando para que esto se haga realidad ya que él sabía muy bien la importancia para el futuro de contar en Puerto Rico con centros de especialización médica.

Fue una persona de buen trato, con gran capacidad de comunicación y que llevó siempre a Puerto Rico en su corazón. Su accesibilidad se reflejó en los logros de sus cuatro hijos que siguieron sus pasos en los campos de la medicina. Raúl (QEPD) fue Radiólogo, Ana Rosa, certificada en Obstetricia y Ginecología, Alodita, que es Odontóloga y Manuel, Patólogo certificado.

En una semblanza sobre su vida, publicada en esta revista, se mencionó un discurso de graduación en el cual él expresó lo siguiente: “Todos tenemos una misión que cumplir y un tiempo para ejecutarla. El paso por la vida puede ser breve o largo, lo importante es que nuestra huella sea perenne. Que no lleguemos al lugar de la paz y de la luz con las manos vacías”. Ese comentario culminó con la mención que el Dr. Raúl Marcial Rojas tuvo las manos repletas con todas las contribuciones que hizo a la medicina, a la patología, a la educación médica y al deporte, en Puerto Rico y a nivel internacional.

La vida del Dr. Raúl Marcial Rojas dejó semillas eternas, como aquel árbol en la UCC, de fuertes raíces firmemente enclavadas en la tierra y de amplia copa que aspira a tocar el cielo. El Dr. Marcial partió con la certeza de que la semilla fue bien plantada y de que el árbol seguirá dando frutos. Él seguirá inspirándonos a ser mejores personas, médicos y profesionales de la salud.

¡Que descanse en paz este gran puertorriqueño, padre de familia, médico, maestro, líder y ejemplo para futuras generaciones!




Nota preparada con información de:
José Ginel Rodríguez, MD,
Nereida Díaz, MD,
José A. Carrasco Canales, MT, PhD,
Mario R. García Palmieri, MD,
Ivonne Corsino-Osorio, MPH,
Marco Villanueva-Meyer, MD.