Honrando al maestro

Honrando al maestro

Enrique Koppisch Cardona M.D.

Profesor y Jefe del Departamento de Anatomía Patológica de la Escuela de Medicina de la Universidad de Puerto Rico, entre los años 1950-1960.

Enrique Koppisch Cardona M.D.

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Raúl Marcial Rojas, MD
Especialista en Patología
Ex-Presidente Universidad Central del Caribe

A continuación, transcribimos el discurso del Dr. Raúl Marcial Rojas, eminente patólogo puertorriqueño, sobre quien fuera su maestro y mentor: “Tradicionalmente se dice que, acompañando a la edad, viene siempre un gran acopio de experiencia y sabiduría. No puedo dar fe de que esto sea siempre cierto. De lo que puedo ser un certero garante, es de que esta invitación de la Academia de Patología y Medicina de Laboratorio de Puerto Rico y del Departamento de Patología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Puerto Rico, cala bien profundo en el hondón del alma mía. El honor de expresarme ante tan selecta audiencia, en el día en que celebramos la Conferencia Anual Dr. Enrique Koppisch Cardona, Padre de la Anatomía Patológica de nuestra Patria y Nación, constituye para mí un suculento manjar de los dioses: el conversar algo sobre y con Don Enrique, lo cual no hacemos desde finales de la década de 1950 y comienzos de la de 1960.

Sus inicios

Don Enrique nació en 1904, su padre era de origen alemán y su madre puertorriqueña. Creció en Aguadilla. Obtuvo el grado de Doctor en Medicina en la Universidad Thomas Jefferson de Filadelfia. Allí, en la ciudad de la Campana de la Libertad, conoció a una bella y distinguida cubana, Doña Cristina, con la que contrajo matrimonio y que fue su compañera por el resto de su vida. Vivieron en Miramar hasta el fallecimiento de Don Enrique en 1961, lamentablemente sin dejar herederos. Según conversábamos su fiel ayudante, el Sr. Antonio Puras, y yo, la ausencia de hijos contribuyó enormemente a rodearse con un halo invisible que muy raras veces le permitía abrirse a muchas personas que hubiesen deseado compartir más íntimamente con él en las actividades sociales. Se hacía muy significativo que en dichas reuniones tuviera como costumbre ausentarse muy discretamente a cierta hora temprana.

En la Escuela de Medicina Tropical

Don Enrique continuó sus estudios en la antigua Escuela de Medicina Tropical, entonces afiliada a la Universidad de Columbia, donde disfrutó de profesores tan distinguidos como el Dr. Hans Smetana. Allí, se conducían numerosos estudios, clínicos y experimentales, sobre enfermedades tropicales y exóticas. Este último tópico fue siempre su preferido. El Dr. Enrique Koppisch escribió el primer capítulo sobre Protozoarios y Helmintos en el texto clásico de Patología editado en la década del 1950 por el Dr. William A.D. Anderson.

Nuestra relación

Como una placentera coincidencia, el Dr. Anderson fue mi maestro de Patología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Marquette (ahora Medical College of Wisconsin) y el Dr. Koppisch fue mi maestro en la residencia de Patología. Yo asumí la posición de autor del capítulo de Protozoarios y Helmintos en el texto de Patología de Anderson, después de la prematura muerte de Don Enrique. No hay duda del impacto que tuvo Don Enrique durante sus años como profesor, en mi interés en el campo de la enfermedad parasitaria, comprobado en dos hechos directamente relacionados: (1º) el editar y publicar en el 1970 el libro más completo y conocido sobre la Patología de Enfermedades de Protozoarios y Helmintos, con correlación clínica, y (2º) el ser seleccionado como conferencista en el tradicional Seminario Anual de la Sociedad Americana de Patólogos Clínicos en Atlanta. Su influencia y su estímulo lo continuamos sintiendo aún después de muchos años de separarse de su Escuela de Medicina Tropical.

Una descripción de su obra

Cito textualmente una monografía no publicada, escrita por el Dr. Oscar Costa Mandry, padre de la Medicina de Laboratorio en Puerto Rico: “El desarrollo de la Anatomía Patológica se centralizó por muchos años, desde el 1926, hasta las postrimerías de la década del 1950, en el Departamento de Patología de la Escuela de Medicina Tropical y de la Escuela de Medicina de la Universidad de Puerto Rico, esta última como heredera de la primera, en dicho campo, desde el 1950. Representaba dicho departamento el único servicio de anatomía patológica acreditado para ofrecer adiestramiento en ese campo. Este servicio fue dirigido por quien debe ser reconocido como el Padre de la Anatomía Patológica en Puerto Rico, el distinguido maestro y profesor, Dr. Enrique Koppisch Cardona. (…) Asumió las riendas como director de dicho departamento en el 1960, el Dr. Raúl A. Marcial Rojas, hasta su retiro de la Universidad de Puerto Rico, en 1978. Dicho departamento creció a proporciones insospechadas, donde se adiestraban numerosos médicos de Puerto Rico, España y América Latina. Se acreditaron Residencias en Patología Clínica, Patología Forense y Patología Quirúrgica Neoplásica. Se desarrollaron programas para el entrenamiento de histotecnólogos y citólogos y se inició el grado de Bachiller en Tecnología Médica. Se fundó el Instituto de Medicina Legal.” (...)

Un viaje y un adiós

Don Enrique tomó una licencia sabática para investigación en el Instituto de Cardiología de la Universidad Autónoma de México con el Dr. Isaac Costero. Su oficina se mantuvo incólume y así estaría hasta el regreso de su sabática. Lamentablemente, nos enteramos en muy poco tiempo que Don Enrique regresaba a Puerto Rico con un gran quebranto de salud, padecía de mieloma múltiple. Murió en muy poco tiempo y no pudo regresar a su oficina. Cuando me di a la tarea de identificar sus cosas personales en su oficina para enviárselas a Doña Cristina, encontré lo que pudiera ser una gran casualidad: un protocolo de autopsia de un caso de mieloma múltiple que Don Enrique estaba terminando de corregir cuando salió a México.

Mi querido Maestro, quien me enseñara el abecedario de la Patología y de muchas, muchísimas otras cosas: “Arte es Belleza, Ciencia es Doctrina, Estudio es Fuerza…” y cuando el Todopoderoso así lo disponga, al encontrarnos de nuevo tendremos mucho que platicar sobre cómo traté de continuar su obra durante los 17 años que me honré en sucederle en la dirección del Departamento.

Un comentario final

Por último, deseo expresar mi pesar por el traslado de su estatua desde el frente de la Escuela de Medicina Tropical al Recinto de Ciencias Médicas. A pesar del mucho cariño que sentimos por ambas instituciones, pienso que después de 34 años de sentir la brisa del Atlántico y de ver “el Contemplado” de Don Pedro Salinas y de tener el busto del Soldado de la Ciencia, el Dr. Bailey K.Ashford siempre presente, tengo que pensar que Don Enrique extraña su contorno exquisito de tantos años.

Con sincero cariño y gracias por todo lo que usted hizo por Puerto Rico y por mi formación como patólogo. Reciba un hasta pronto de quien usted muchas veces como residente llamó “mi Ginesillo de Saltamontes”.