Carta del editor

Carta del Editor

Siempre solidarios

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Marco Villanueva-Meyer, MD
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Hay situaciones que son parte de la vida y que pueden ocurrir en forma sorpresiva o impredecible. Puede tratarse de una enfermedad imprevista, un accidente fortuito o un acto inesperado de la naturaleza.

Esos actos no están bajo nuestro control y motivan muchas veces muestras de interés de personas no afectadas directamente. Sabemos que ante una enfermedad suele surgir el apoyo de la familia, de los amigos o de las personas involucradas. Ante un acto de la naturaleza, como una tormenta, un huracán o un terremoto, nos conmueve la solidaridad y el apoyo de los vecinos, amigos y hasta de personas desconocidas que aparecen a ayudar.

Los terribles acontecimientos recientes en Haití, por el gravísimo terremoto, han llevado a una reacción masiva de todo el mundo, enviando bienes, dinero y ayuda personal de todo tipo. El aeropuerto de Port-au-Prince no se daba abasto para recibir a los vuelos internacionales que llegaban con ayuda y socorristas.

La solidaridad de la clase médica puertorriqueña ha sido, desde un principio, grande e importante. Considerando la magnitud de la catástrofe, sabemos que cualquier esfuerzo puede ser solo un pequeño granito de arena. Pero, para la persona a quien se ayuda, este esfuerzo es una montaña de fe y de esperanza. Son cientos los voluntarios que han llegado desde nuestra isla a Haití, médicos, enfermeros, paramédicos y técnicos de la salud, sorteando una serie de dificultades para llegar al lugar donde el drama es terrible, viajando por aire, por mar o pasando por República Dominicana. El apoyo masivo sigue llegando a Haití a través de muchas instituciones sin fines de lucro, religiosas y laicas, gubernamentales, internacionales, privadas o asociaciones entre las que cabe mencionar a Iniciativa Comunitaria, la Fundación de Médicos Puertorriqueños con Haití, la Alianza de Médicos al Rescate, y el Colegio de Médicos Cirujanos de Puerto Rico, entre muchas otras.

Las desgracias, como la ocurrida en Haití, son penosas y dramáticas. Son también una oportunidad para que afloren sentimientos de solidaridad que en este caso la clase médica puertorriqueña está demostrando con creces desde un inicio. El trabajo es arduo y el problema inmenso, pero la solidaridad y la voluntad de ayuda estan permitiendo mitigar el dolor de miles de personas afectadas, haciendo honor a la máxima de compartir para progresar.

Saludos, amigos.