Carta del Editor

Mostrando solidaridad

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Marco Villanueva-Meyer, MD
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Una de las retribuciones más grandes que puede recibir un médico es el agradecimiento de un paciente al que pudo servir y ayudar. Esto se puede ver expresado en una palabra, en una mirada o en una sonrisa, y puede, a la vez, ser la mejor recompensa. Suena tan sencillo y simple e, inclusive, para algunos, ingenuo, pero es la expresión de que se ha cumplido bien, de que se ha ayudado y brindado apoyo a una necesidad. La satisfacción de servir bien a nuestros pacientes es algo que debemos tener y mantener siempre presente, y cuidar como un fuego que nunca debe apagarse.

Uno puede pasar por situaciones personales difíciles, tener complicaciones familiares, dificultades con las instituciones con las que trabaja, o con las presiones del sistema; todo eso puede afectar y, muchas veces, con razón. Pero, en la medida de lo posible, todo esto debe mantenerse separado del quehacer profesional.

Que todas esas presiones queden de lado para que tengamos siempre presente el privilegio del actuar médico, de poder servir y ayudar y, sobre todo, de tener la oportunidad de ser solidarios con alguien que acude a pedir ayuda para lo más valioso que se tiene: la salud propia, la salud de un hijo o la de un ser querido. Sabemos que muchos pacientes pueden llegar afectados y adoloridos, preocupados, desconsolados y buscando apoyo, tanto emocional como físico.

En este ejemplar, hay muchas menciones relacionadas con el proceder del médico. Son evidentes las que se hacen en los artículos de historia o en los reconocimientos. Del mismo modo, el actuar médico destaca en cada artículo, en los que se hace mención a resultados de investigaciones, a características de algunas dolencias o a nuevas opciones de diagnóstico o de tratamiento para distintos problemas de salud que afectan a los individuos que necesitan y buscan ayuda médica.

A su vez, quien busca esa ayuda está reconociendo que desconoce sobre el problema que motiva la consulta. Esto último nos compromete a ser humildes y, además, a comprender que, de la interacción diaria, se puede aprender siempre algo más y, así, ser cada vez mejores en el quehacer profesional. Son situaciones que, desde todas las perspectivas, destacan la importancia de compartir para progresar.

Saludos amigos